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Adiós al amor: economía manda en los rituales de Año Nuevo

Una imagen simbólica que representa cómo los rituales de Año Nuevo ahora priorizan el dinero y la economía por encima del amor y el corazón.
Foto(s): Emilio Morales Pacheco
Alexandra Zolorio

La alta demanda de productos vinculados con la prosperidad económica ha desplazado este año a los rituales enfocados en el amor, un cambio que refleja la preocupación de las familias por su estabilidad financiera ante el encarecimiento de alimentos, servicios y productos básicos.

 En Oaxaca, este fenómeno se percibe con claridad en los mercados tradicionales, donde los comerciantes reportan un incremento significativo en los precios de amuletos, veladoras y kits rituales para fin de año. 

En espacios como el Mercado de Abasto, las veladoras sencillas se venden entre 30 y 60 pesos, mientras que las más elaboradas o de colores especiales alcanzan hasta 150 pesos. Los kits destinados a atraer dinero, abundancia o empleo oscilan entre 150 y 300 pesos, y algunos amuletos de alta simbología superan los 400 pesos, con clientes que no dudan en pagar más para asegurar que sus rituales tengan “efecto” en el nuevo ciclo. 

Este encarecimiento del 10 al 15 por ciento respecto a 2024 coincide con la inflación general de 3.72 por ciento registrada por el INEGI en la primera quincena de diciembre, reflejando cómo la situación económica condiciona incluso las prácticas culturales más arraigadas.

Vendedores y consumidores coinciden en que, a pesar de los precios elevados, la tradición se mantiene viva y cobra un carácter casi ritualístico de supervivencia: los deseos de prosperidad económica se imponen sobre los sentimentales, y cada veladora encendida o amuleto adquirido representa la esperanza de un año más estable. Además, se ha observado que los rituales ahora incluyen combinaciones de elementos que buscan atraer trabajo, dinero y suerte en inversiones, dejando en segundo plano los amuletos para el amor. 

Esta transformación muestra cómo la cultura oaxaqueña se adapta a la realidad económica, donde la creatividad y el simbolismo de los rituales se combinan con la preocupación por el bolsillo familiar. 

Los mercados se llenan de colores, aromas de incienso y música popular, mientras familias enteras recorren los puestos para elegir con cuidado cada elemento, conscientes de que cada peso invertido es una apuesta por un mejor año que inicia.

 

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