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Vida fracturada en Llano Grande, Oaxaca

Foto(s): Cortesía
Luis Ignacio Velásquez

SANTIAGO LLANO GRANDE.- Crescenciano Hilario Noyola recuerda que hace más de 35 años, junto con su esposa, elaboró adobe tras adobe para contar con una casa. Ahora, frente a los cuartos agrietados y la teja en el suelo, expresa con resignación que ya nada se puede hacer, “pues todo se cayó”.


Sin camisa, porque lleva a cabo la tarea de recolocar las tejas de su vivienda, dice que tal vez es posible salvar su casa, si se cuela una cadena de concreto en torno a todas las paredes, para que amarre.


-¿Y a dónde se fue su familia?


-Mi esposa y yo dormimos en el corredor, pues está temblando seguido.


Con el cabello entrecano revuelto, manifiesta con voz grave que necesita el apoyo del gobierno para salvar su casa. “No será el tabique, será el cemento para la cadena, pero algo será pues no hay dinero para contratar trabajadores”.


“Apenas venimos en esta parte, -manifiesta al señalar el tramo de techo que ha logrado reconstruir-, pues estoy solito con mi hijo; hay que acomodar todo ya que no se puede atender solo una parte”.


En un cuarto resguardado por imágenes religiosas, dice que hay que resignarse “pues ya no queda otra, solo ponernos en manos de Dios, ya no podemos hacer más”.



Con sábanas la familia del joven Jesús Carranza López improvisó una recámara. FOTO: Mario Jiménez

UN NANCHE Y DESAMPARO OFICIAL


El joven Jesús Carrera López utiliza la ultima pared en pie de lo que fue su casa para improvisar, junto a un árbol de nanche, una tienda de campaña con colchas para vivir con su esposa e hija. “La casa está por caerse y estamos viviendo afuera, sino se nos cae la casa; de todos lados está rota”.


-¿Y qué piensas hacer?


-Pues vamos a ver con qué nos ayuda el gobierno, porque pues no hay dinero ahorita. Va a ser difícil levantar la casa.


-¿En qué trabajas?


-Entregando tortillas, me pagan 130 pesos diarios.


-Pero eso no alcanza para levantar la casa…


-No, apenas para comer y llevar a la niña al kínder. Todo lo que gano se gasta diario, no queda nada para ahorrar. No tenemos dónde vivir, por eso estamos afuera para que no se nos vaya a caer la casa encima. Aquí no hay nada, no hay trabajo, no hay apoyo, nada.


Bajo las telas que sirven de techo, la esposa y la pequeña hija, sentadas en una cama, dejan pasar el tiempo frente a un televisor de pantalla plana, único patrimonio de la familia.


Por su parte, el señor Manuel Pérez Lorenzo muestras las paredes fracturadas de su casa y el techo que colapsó con el sismo. “Todo está echado a perder y la casa era grande; con el peso de las vigas se puede caer todo”.


Añade que desde el 16 de febrero viven en el patio de la casa. “De día solo si requerimos algo entramos a los cuartos, pero ya vivimos aquí afuera porque tenemos miedo de que vuelva a temblar”.


“ESPERAMOS EN DIOS QUE YA PARE ESTO”


Don Pedro Luis López Ávila muestra los daños que el temblor ocasionó a su vivienda. Los cuartos con grietas, parte del techo en el piso, todo cubierto del polvo negro que se acumula en las vigas y las tejas.


Mientras toma un breve descanso del trabajo de limpieza que realiza y observa a dos trabajadores afanarse en colocar las tejas del techo, señala: miren las paredes de las esquinas separadas, eso significa que ya no van a soportar la carga del techo; ya no sirve la casa”.


-¿Y por qué repara el techo?


- Para poder habitarla, porque no queda de otra; mientras con un poco de riesgo…


-Pero sigue temblando…


-Pues sí y esperemos en Dios que ya pare esto.


-¿Pero es un riesgo para la familia?


-Pues yo soy el único que duermo aquí, porque mi esposa se fue con mi papá y mi mamá; ya estoy acostumbrado.


-¿Espera alguna ayuda?


-Por lo menos para reparar la casa. Supongo yo que los gobiernos estatal y federal tienen presupuesto para ello.


Afirma que, además, debe pagar dinero que no esperaba. “Los muchachos, -que reparan el techo-, me están cobrando barato porque son un amigo y un sobrino, 500 pesos diarios, pero es recurso que no tenía previsto gastar y, ni modo.


Dañadas, 460 viviendas; 40, pérdida total


El presidente municipal, Maurilio Laredo Serrano, informa que hubo afectaciones sobre todo en las viviendas de adobe. “Tenemos más de 40 viviendas con daños totales y 460 viviendas afectadas en todo el municipio, con sus tres agencias, por eso estamos necesitando el apoyo de los gobiernos federal y estatal, hasta hoy solo la coordinación de protección civil del estado nos ha dado una ayuda emergente, pero estamos a la espera de la próxima ayuda ya que va directamente para la reconstrucción de las viviendas afectadas”.


Añade que confían en el gobierno y ojalá pronto les llegue la ayuda, “que venga personal de Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano (Sedatu), de la Comisión Estatal de Vivienda (Cevi), para levantar el censo de damnificados y la gente vea que en realidad sí se les va a atender, pues anteriormente hemos sufrido pérdidas por fenómenos naturales y la gente ya no cree en las promesas de apoyo, ya que entregan la documentación que se les pide y a la hora de la hora no se les da nada”.


Añade que la gente de Llano Grande necesita urgentemente apoyo y demandó al gobierno que les preste atención. “La gente que sufrió la mayoría de las afectaciones es de escasos recursos, que se dedica al campo o el comercio, por eso pedimos el auxilio a las autoridades porque están viviendo en condiciones muy difíciles”.

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