Lo que pasaba por su mente y en la vida de Jeny, aún es un misterio para la familia de esta adolescente de 14 años, quien el pasado miércoles se suicidó al lanzarse de un puente en la capital oaxaqueña.
Jeny Gaspar Cruz evitaba hablar de sus sentimientos, de sus sueños y sus metas. Como respuesta a las preguntas de estos temas de parte de sus familiares, ofrecía una suave sonrisa mientras miraba al suelo con la cabeza gacha y un interminable silencio.
Qué hacía, a dónde iba, en qué trabajaba y en dónde o con quién vivía, siguen sin tener una respuesta; como si Jeny, originaria de San Francisco Jayacaxtepec, Totontepec, en la Sierra Mixe, nunca hubiera vivido en la capital.
La única pista que dejó, fue una carta dedicada a su gran amor; un hombre al que extrañaba, suplicaba su regreso y al que prometía amor por siempre.
El día que acabó con su vida
Horas antes de su muerte, Jeny estuvo en casa de su hermana Guadalupe Cruz. El día anterior, por la noche, había intentado acabar con su vida.
Todas las preguntas relacionadas a los pensamientos y sentimientos de la adolescente volvieron, pero nuevamente la joven calló y prometió que no volvería a intentarlo.
Desde aquella casa, en las alturas de la colonia Monte Albán, Jeny pasó sus últimas horas pensativa, en silencio, algo inquieta; ese día, la jovencita comió poco, describe su hermana Guadalupe, parada afuera de la puerta de su casa, a la que Jeny acudía como visita de vez en cuando.
“Le pregunté si tenía problemas, que por qué se intentó aventar del puente y me dijo que no´más, que no tenía problemas”, cuenta la hermana, con una profunda tristeza.
Guadalupe Cruz pensó que mantener a su hermana en casa la salvaría. “Yo le pedí que no saliera, pero de pronto, por la tarde se bañó, se arregló y dijo que iba a un mandado y regresaba rápido; nunca volvió”, relata.
Desconocer el motivo que orilló a Jeny al suicidio, hace más doloroso el duelo.
Quién era Jeny... la familia quiere saberlo
En este negocio de lámina, la joven Jeny trabajó un corto periodo hace varios meses.
A una semana del fallecimiento de Jeny, su hermana Guadalupe busca respuestas. Lo único que sabe hasta ahora, es que su pequeña hermana sólo quería estar sola.
Hace aproximadamente un año y medio, cuando la adolescente tenía poco más de 12 años, salió de su pueblo natal por cuenta propia, a escondidas de sus padres.
Su estancia en la capital fue un misterio para toda la familia. Nunca les dijo en dónde vivía, con quién. Si trabajaba, qué hacía.
Lo único que lograron saber en su momento es que trabajó en una cocina económica en la colonia Fundición, durante tres meses; Jeny contó en alguna ocasión que dejó de trabajar ahí porque se iba a cerrar el negocio.
“De niña no era así, callada. En el pueblo era diferente y estudiaba la secundaria”, detalla.
Guadalupe y su esposo relatan que cuando fueron por Jeny al cuartel de la Policía Municipal, sólo les dijeron que necesitaba atención psicológica, pero faltó orientación para saber a dónde acudir.
“Si me hubieran dicho a dónde llevarla, lo hubiera hecho para salvarla”, expresa la joven madre.
Aislamiento, no debe ser ignorado
El psicoanalista Julio Leyva refiere que el aislamiento que adopta una persona es síntoma que nunca debe ser ignorado por los familiares de alguien que opta por alejarse.
Aunque no en todos los casos de las personas que se aíslan culminan en un suicidio, es importante prestar atención para evitar algún otro acontecimiento lamentable.
En un cuaderno de Jeny, hallaron un texto póstumo.
Respecto a la carta que se le encontró a Jeny, el día de su muerte, el especialista deduce que manifiesta soledad; que la ruptura que describe pudo haber sido el detonante para esa decisión; sin embargo, la joven pudo estar envuelta en otras circunstancias que la ponían en un contexto de vulnerabilidad.
