Improvisado e inexperto, pero nada temeroso, Octavio Vélez Ascencio solía tomar la maquina de escribir cada que terminaba de ver jugar a su equipo de futbol, Chapulineros de la UABJO, y apenas a sus 14 años comenzaba a redactar una especie de crónicas.
Periódicos, en su mayoría deportivos, se podían hallar en cualquier parte de su vivienda; Vélez escribía para el mismo y para su padre, quien, como profesor, orientaba a su hijo cuando este le mostraba sus creaciones.
"Él tenía mucha cultura, era mi juez, él se encargaba de que yo tratara de mejorar y como vió que me gustó (escribir), me llevó al periódico de uno de sus amigos" rememora.
En el mes de junio de 1984, Vélez fue recibido en el medio "Carteles del Sur" por don Néstor Sánchez y su hijo, Claudio Sánchez. Este último le explicó el mundo al que se adentraría.
"Me ayudó muchísimo, me enseñó cómo hacer una nota informativa, una entrevista, un reportaje, el fue el que me abrió los ojos en el periodismo, pues yo no tenía conocimiento más allá de la crónica", detalla.
Vélez (al fondo), en el campo de batalla. FOTO Cortesía
Voz de los pueblos
A través de los años y cientos de hojas escritas, Vélez se convenció de que el periodismo, más que formar parte de su vida, sería su vida misma.
Después de laborar en medios como Sol de Oaxaca y Rotativo, entró al periódico NOTICIAS, Voz e Imagen de Oaxaca en el año de 1986, en donde tras 7 años de hacer periodismo deportivo, comenzó a formarse en el periodismo social.
Vélez se reconoce a él mismo como una persona en que la seriedad muchas veces no tiene cabida, empero, manifiesta, que los lugares que ha conocido y las personas con las que se ha cruzado le han hecho convencerse de que el periodismo tiene una sola finalidad.
"Tienes que ayudar a darle voz a los que no la tienen. Los pueblos y comunidades indígenas de Oaxaca han sido mi foco de investigación. Me ha tocado ir lejísimos, hasta el fin del mundo, caminar horas y horas hacia comunidades, y lo sigo haciendo, y con gusto. Un periodismo que no se pone al servicio del pueblo no tiene trascendencia", afirma.
Si se trata de compartir una sola enseñanza, la más grande que sus 34 años de carrera le han dejado, narra Vélez, es la fortaleza y el coraje que poseen los sectores marginados.
"Si Oaxaca no se ha desmoronado es por la comunalidad de los pueblos y comunidades indígenas de Oaxaca, por su solidaridad, por la lucha, su valentía y su capacidad para ponerse de pie", asegura.
Madurez
Su aprendizaje los ha transferido a sus hijos y su esposa, quienes han sido su respaldo en esto que el llama "locura y pasión".
A pesar de que, por razones del trabajo, ha tenido que alejarse de los suyos y abstenerse de ver crecer a sus hijos, estos últimos lo valoran y respetan. Para ellos, la inquietud, la terquedad y la perseverancia representan a Vélez.
"Difícilmente puedo estar sentado mucho tiempo, estoy pensando en dos cosas a la vez; cuando se me mete algo en la cabeza tengo que lograrlo y me repito constantemente que tengo que ser mejor cada día", explica.
Su madurez profesional, asegura el periodista, son fruto de sus 25 años en el NOTICIAS.
"Yo siempre he dicho que es mi segunda casa, aunque a veces es la primera. He tenido compañeros excepcionales y hemos madurado juntos", detalla.
El Obtener el Premio Nacional de Periodismo 2018 por su reportaje titulado Rincón Alto, Ixtlán: los olvidados del sismo, menciona Vélez, no es sólo un reconocimiento a su persona.
"Es un premio al periódico en el que trabajo, es un reconocimiento al periodismo humano que se hace en Oaxaca, porque en Oaxaca hay muy buenos periodistas."
