ASUNCIÓN NOCHIXTLÁN, Oaxaca.- “No, no señor. Aquí nadie duerme bien, no está tranquilo para nada”, suelta la menuda mujer en el parque principal. Nochixtlán tiene un ayer y un hoy después del 19 de junio.
Otrora importante centro comercial de la Mixteca, cabecera distrital y sede de uno de los mercados más grandes de la región, vive una tensa calma.
Jueves al mediodía. El tañer de las campanas rompe el murmullo en el centro de la ciudad. El trinar de los pájaros en el parque se acelera por momentos ante el sonido de cohetes y cohetones. Pese al intenso sol y un límpido cielo, corre un viento fresco .
La vida transcurre. La gente camina aprisa, pasa por el kiosco, va al mercado, acude a la tienda, ve de reojo el desolado palacio municipal. Algunos descansan en las bancas del parque, pero no hablan con extraños.
En la calle Porfirio Díaz, la vía principal, panaderías, rosticerías, sucursales bancarias, centros de internet, zapaterías, cafés, todos abren y cierran sin contratiempos en este municipio de cerca de 20 mil habitantes. Hay bullicio en un día que aparenta normalidad. Apariencias que se diluyen en boca de los pobladores.
“No es tranquilo, para nada, aquí nadie duerme por lo misma situación que vivimos. Todos estamos con terror, no es como el Nochixtlán de antes; la gente podía caminar a la una, dos tres de la mañana, pero ahora ni Dios lo permita”.
Es la voz de una vendedora informal de dulces, solitaria y con canasta en mano, que acude a la plaza principal, frente a un palacio municipal dañado por todos lados, con restos de una patrulla y dos motocicletas siniestradas aquel fatídico 19 de junio.
Ella no quiere dar su nombre. Mucho menos permite fotografías. “¿Por qué no se identifican primero? Nosotros no sabemos quiénes son ustedes. ¿Y qué tal si son policías?”, replica. Y se desahoga:
“Mire la situación en que nos deja el gobierno, aquí era paz, pero el gobierno vino a destruirla, pero bueno, en las manos de Dios queda”.
Mujer, soltera, ella vende dulces, chicles y demás golosinas desde hace 11 años en el centro de la ciudad. En día normal, antes del enfrentamiento, tenía ventas de entre 50 y 60 pesos diarios; hoy apenas de 10 o 20 pesos.
“No sale la gente por el miedo, por el terror; a veces van a la tienda pero con mucho terror; ahora todo mundo llora, de día, de noche; los niños se desesperan, los abuelos también. No tengo hijos pero mis sobrinos chillan todo el tiempo”, dice.
Vive en la colonia Candelaria, en el barrio Ampliación Chocano, en las faldas de un cerro:
“Desde allá vimos todo, las explosiones; a los niños les dio pánico, a los abuelitos ; ¿y quién nos auxiliaba? Pues nadie. Es mentira que el gobierno nos apoya, nos viene a destruir brutalmente”.
Las calles aledañas al palacio viven su vida cotidiana. Guerrero, Morelos, José Vascocelos, aparentan tranqulidad. La autoridad, ausente desde hace más de tres semanas. Nadie sabe el paradero del edil Daniel Cuevas Chávez.
Cuadras adelante del palacio, en la Nicolás Bravo, hay fiesta. Los habitantes del barrio Las Flores realizan la octava en honor a su santo patrono, San Pedro Apóstol. No hay banda de música, sólo esporádicos tronidos de cohetes y cohetones.
“La mera verdad, estamos con los maestros porque dicen que se va a privatizar todo; nosotros no tenemos qué comer; donde quiera no hay trabajo, aunque desde hace tiempo estaba así la situación. La mera verdad estoy en contra de lo que hacen a mi pueblo”, remata la mujer que sigue su ruta en busca de clientes para sus dulces.
“No sale la gente por el miedo, por el terror. Mire la situación en que nos deja el gobierno, aquí era paz, pero el gobierno vino a destruirla":
Vendedora de dulces en Nochixtlán
