Oaxaca.- El tibio hálito del sol se extiende en el territorio yermo de la colonia Ampliación Paragüito. El cielo al mediodía es todo ámbar. Dos mujeres, sus hijos e hijas se refugian en una vivienda de techo y paredes de lámina que corona al cerro. La puerta torcida por el calor asemeja la tapa de una lata de sardina enrollada. A la entrada, tres perros jadean de calor.
La colonia ubicada en la parte alta de Santa Cruz Xoxocotlán, hacia el polígono de la zona arqueológica de Monte Albán, es un páramo acentuado por la ausencia del agua potable, energía eléctrica y drenaje. La falta de servicios tiene su impacto principal en las y los niños, quienes constituyen la mayor parte de la población.
Necesidad de vivienda
Yanet, sus hijos y su esposo viven en una de las últimas casas de la pendiente sinuosa. La familia habita en un cuarto de cinco por cuatro en donde todo se reduce a una mesa, dos sillas de plástico y un colchón viejo que doblado por la mitad cumple la función de sofá durante el día.
Así viven desde hace dos años y medio ante la necesidad de vivienda propia. Llegaron a establecerse en la zona más alta de la Ampliación Paragüito, asentamiento existente para los conteos del Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (Inegi), pero inexistente para la clase política -excepto en época de campaña-.
Uno de los habitantes en el hogar es Daniel. Tiene 11 años y cursa el sexto grado de primaria. Su aspiración es ser médico. Su hogar lo compone el pequeño espacio con restricción severa para llevar una vida sana y activa.
Jugar en el patio, ver la televisión o leer antes de dormir, son actividades simples que le han sido negadas debido a la precariedad que lo rodea. En casa, el refrigerador es inexistente al igual que el televisor a falta de energía eléctrica, por la noche hay que alumbrarse con veladora y a la hora de dormir acurrucarse sobre el colchón viejo.
Por la noche el viento hace crujir las paredes de vivienda. Durante el día, acapara el calor que se desprende del sol. Una y otra condiciones extremas a la que Daniel y sus hermanos han sabido enfrentarse.
Población infantil con mayores indicadores de pobreza
Según información censal, en 2010 aproximadamente uno de cada cinco niños habitaba en viviendas con condiciones inadecuadas por el material de su construcción, el nivel de hacinamiento o el acceso a servicios básicos (agua, electricidad y drenaje). La carencia de estos servicios tiene implicaciones significativas en su salud y desarrollo en el largo plazo, por lo que este tipo de carencias tendría que convertirse en un foco de atención prioritaria para los diseñadores de políticas públicas.
En 2008, la carencia por calidad o espacios de la vivienda (es decir, material de techos, muros, pisos o el nivel de hacinamiento) afectaba a 17.7 por ciento de la población total; sin embargo, en 2012 disminuyó a 13.6 por ciento. Como sucede con otras carencias, la población infantil representó una proporción más elevada en comparación con la población total, ya que en 2012, 18.5% de las niñas, niños y adolescentes habitaba en viviendas con carencia en esta dimensión, aproximadamente 7.3 millones.
En relación a la carencia por acceso a los servicios básicos de la vivienda, se observa un comportamiento similar al indicador anterior, ya que mientras en 2008 el porcentaje de la población total con esta carencia era de 19.2 por ciento (correspondiente a 21.4 millones de personas), para 2012 se había reducido a 15.0 por ciento (una reducción de 4.2 puntos porcentuales).
En el caso de la población infantil y adolescente, esta carencia pasó de afectar a 23.2 por ciento de las personas menores de 18 años en 2008 (9.5 millones), a 17.8 por ciento en 2012 (7.0 millones). Con ello, se observa que estas carencias están presentes en mayor medida entre la población de 0 a 17 años.
Promesas y sueños
Iván, quien es el padre de familia, llega a casa después de una jornada de búsqueda de trabajo. A zancadas se va abriendo camino cerro arriba hacia su hogar. Al hombro un machete. Una gorra cubre su rostro requemado. Los ladridos alocados de los perros anuncian la llegada. Iván se sincera y explica que al mudarse hacia esa zona de Santa Cruz Xoxocotlán sabían que carecerían de todo.
"Soy realista, aquí no va a llegar la energía eléctrica en uno o dos años. Sólo soñamos con que eso suceda para poderles dar una mejor calidad de vida a nuestros hijos. Sabemos que eso no va a ser así de fácil", indica.
Sus hijos están sentados sobre el colchón a rayas cuyos resortes saltones fueron cubiertos con remiendos. Iván los mira y sin mayor rodeo afirma: "Lamentablemente les tocó nacer en la pobreza, pero eso no significa que se deben de quedar en ella para siempre. Les he enseñado que en esta vida hay que trabajar, no esperar nada de los gobernantes", explica.
En el ventanal que descubre un paisaje constrastante con la realidad de la Paragüitos, se cuela la música cumbiambera de la propaganda electoral de un candidato a presidente. La melodía y las promesas irritan a Iván, quien expresa el deseo de tener frente a los candidatos para preguntarles cómo van a lograr lo que están prometiendo.
Estirar el gasto, apretar el cinturón
La casa de Verónica también se ubica en la Paragüitos. En su vivienda habitan dos niñas y un niño. La mujer cocina los alimentos para la comida. Sobre el fogón instalado sobre un tambo metálico, hierve el pozole.
Los niños juguetean dentro de la casa vestida con dos camas, un pequeño comedor y el televisor que desde inicios del año dejó de funcionar.
La vivienda también es precaria porque los ingresos no han permitido iniciar la construcción con material. El jefe de familia es albañil, labor por la que gana mil 200 pesos semanales. Una parte la destina a la compra de agua que en esa zona se adquiere por cien pesos un tinaco. Hay que repartir para la compra de alimentos, medicinas si alguien llegara a enfermar.
Para Verónica, la pobreza tiene un mayor impacto en la niñez, pues la falta de recursos económicos los aleja de distintos derechos escenciales como puede ser el más básico, que es el acceso al agua potable.
39.2
millones de niños y niñas habitan en México
2.5
millones en pobreza
7.2
millones no asisten a la escuela
83%
no tienen las necesidades cubiertas de vivienda, alimentación, educación y salud
