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Micaela a sus 70 años, vivir entre láminas y sembrar para comer en San Jacinto, Oaxaca

Foto(s): Cortesía
Redacción

Micaela despierta presurosa, el café no está listo y su esposo tiene que ir a buscar trabajo. Se dispone a encender el fogón, lo que le lleva un buen rato, la estufa y el gas son un sueño.


A sus 70 años la velocidad no es lo suyo. Hace un año tuvo una fractura en su pie y con el frío matutino el dolor es insoportable.


Micaela vive en la calle de las Rosas, en el sector 7 de la colonia Lomas de San Jacinto, a unos metros de la cima del cerro.



Ella y su esposo habitan en un pequeño cuarto de lámina, de cuatro por cuatro metros; en el día el calor es intenso y en la noche el frío  no tiene piedad.


El terreno no es de su propiedad, pues sólo lo cuidan. Para Micaela eso es bueno, pues se evitan el pago de alguna renta.


Para ingresar a su domicilio, hay que bajar 30 escalones improvisados de madera. Cuando Micaela tiene que salir, un pesar la embarga, pues sus fuerzas se han ido desvaneciendo y cada día, los escalones son más difíciles.




Sin trabajo hay que ingeniárselas


El esposo de Micaela es albañil, su edad le dificulta encontrar trabajo, además  tiene una lesión en la rodilla que no le permite moverse con facilidad.


El trabajo es escaso, pero aun así, da para sobrevivir. La luz y el agua les es facilitada por uno de sus vecinos.


Un huerto, la opción


A pesar de que el terreno que cuidan es muy pequeño, Micaela se las ingenió para convertirlo en un huerto. En unos días todo el trabajo habrá dado frutos.


“Los elotes estarán listos en unos días, ahora están muy tiernos”. Las milpas crecieron gracias a los cuidados que Micaela le otorgó durante meses. El viento y las lluvias de los últimos días afectaron a las plantas, pues algunas se doblaron.




Además de maíz, también sembró calabaza, frijol y plátanos, éstos últimos aún falta algunos meses para que den frutos.


Cuando los hijos se van


Micaela tiene varios hijos, no quiso recordar cuantos. La tristeza en sus ojos es evidente cuando los recuerda, “a uno no lo he visto en más de 15 años”.


Los demás viven cerca, pero también tienen gastos y a veces no pueden ayudarnos. Dos son madres solteras y pues trabajan sólo para sus hijos.


El rostro de Micaela se vuelve serio, y se excusa, es momento de ocuparse de sus plantas, su esperanza de los meses siguientes.

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