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La última Pájara recuerda a su líder

Foto(s): Cortesía
Redacción

Sentada sobre una vieja silla, La China recuerda sus buenos tiempos, cuando pasaba sus días junto con sus comadres y amigas echando relajo bajo aquel eucalipto que las cobijaba en la Central de Abasto Margarita Maza.


A un lado de su modesto puesto de cebollas, Severina García Hernández trata de hacer memoria para detallar a qué funcionarios le fueron a protestar para que atendieran a Marcos Villanueva Serrano.


El grupo conocido como Las Pájaras lo creó el extinto dirigente de la central Marcos Villanueva. Ésta era la cuadrilla de choque del líder, la cual era una de las más temidas en la década de 1980.


Con gran sonrisa, que delata orgullo por haber pertenecido al equipo de Las Pájaras, la mujer de 80 años de edad aclara que ellas eligieron a Villanueva Serrano como su dirigente, luego de que él las trasladara del 20 de Noviembre a la Central.



 


Eran 30 las Pájaras


Aunque el recuerdo de haber participado en protestas y pelear por espacios en la central de abasto le alegran el momento, La China también se llena de nostalgia porque el difunto dirigente sólo las utilizó para conseguir beneficios individuales.


“A nosotras nos dijo, ya saben que se van a ir para allá (a la central), júntense para que las vaya a dejar al mercado nuevo, pero cuando llegamos aquí ni siquiera para una bebida sacábamos”, apunta doña Severiana, quien su puesto se pierde entre la inmensidad que ahora representa la central.


La China, como aún la conocen en el mercado - y en donde su imagen sólo es una parte de la historia de la central pero que ya no representa pleito, sino todo lo contrario- logra despejar la mente y apunta que el grupo de Las Pájaras lo conformaban al menos unas 30 mujeres.


Valor para defenderse


-¿Por qué luchaban?
-Era según por defender nuestros derechos, pero no tenemos nada- responde la señora con risa sarcástica al señalar su humilde puesto en donde ahora, como hace casi 40 años, apenas saca para comer.


“Nosotros peleamos en los pasillos porque los inspectores no nos dejaban vender con nuestras canastas, íbamos al cabildo a protestar”, expresa.


Detalla que no cuenta con papeles que legalicen su espacio, ni de la caseta que tiene dentro, y en donde tampoco hay ventas.


Soy la última de las pájaras viejas, las demás ya se murieron; por ahí andan nada más los hijos”, indica después de subrayar que eso de andar en el grupo la “ponía alegre porque me sentí con el valor de defenderme”.

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