Feminicidios, desapariciones y violencia sexual, es la vergonzosa realidad que daña el derecho a una vida libre de violencia de las niñas y adolescentes en Oaxaca.
De acuerdo con el análisis “Realidad violenta para las niñas oaxaqueñas”, de Consorcio para el Diálogo Parlamentario y la Equidad, del 1 de diciembre del 2016 a la fecha, el 57% de las desaparecidas en la entidad son niñas y adolescentes; 26 niñas fueron víctima de feminicidio de las cuales 60% fueron asesinadas por disparo de arma de fuego.
El análisis detalla que durante la actual administración de Alejandro Murat suman 2 mil 235 mujeres víctimas de violencia documentadas a través de notas periodísticas, de éstas 672 son niñas y adolescentes entre 1 y 17 años de edad, es decir, 30%.
Las cifras puestas a la luz por la organización feminista se enmarcan en 11 de octubre, fecha que la Asamblea General de Naciones Unidas estableció como el Día Internacional de la Niña con el fin de reconocer sus derechos y problemas excepcionales que confrontan en el mundo.
Según el conteo diario que realizan en la Plataforma de Violencia Feminicida en Oaxaca, detallaron que 57% de las reportadas como desaparecidas en la entidad son niñas y adolescentes (477 casos).
De las 536 niñas reportadas como desaparecidas, 89% tenían entre 11 y 17 años.
En el recuento encontraron que 71 niñas sufrieron violencia sexual, 62% por violación y 31% por abuso sexual. Además que 26 fueron víctimas de feminicidio, 60% asesinadas por disparo.
Uno de los feminicidios que refleja el grado de violencia en Oaxaca contra las mujeres y niñas es el de una bebé de 6 meses de edad que fue asesinada a golpes por su padrastro en San Francisco del Mar, en abril pasado.
Según el Informe sobre la situación de las mujeres en el contexto de COVID-19, Consorcio Oaxaca refiere que en el periodo de contingencia sanitaria el hogar es el lugar más inseguro para niñas y mujeres en la entidad.
Por otro lado, la Unicef, señaló que “las consecuencias del COVID-19 en la infancia y adolescencia en México no serán causadas mayormente por la enfermedad en sí; serán más bien secuelas de las medidas necesarias para prevenir el contagio, como la restricción de movimiento, el estrés, la situación económica de las familias, factores que amenazan la protección ante la violencia y el abuso contra la niñez y adolescencia”.
