VALDEFLORES, Zimatlán de Álvarez, Oaxaca.- Para el campesino Magdaleno Ramón Bazán, realizar las labores propias del campo se volvió una odisea, luego de que todas sus extremidades quedaran afectadas mientras intentaba apagar el fuego de un cerro cercano a su comunidad, ubicada en los Valles Centrales, y el calor de las llamas “fundiera” su piel. Debido a sus lesiones, la Comisión Nacional Forestal (Conafor) le dio un cheque, pero jamás lo pudo cobrar.
Ya sea cortando o sembrando caña cuando es temporada de zafra, como albañil o en la pisca, Abel –como es conocido el hombre de 50 años de edad– tiene que tomar cuidados especiales para trabajar, pues su piel es muy sensible al sol y al frío. Los pliegues en sus muñecas y la parte posterior de las rodillas no tienen la misma fuerza y consistencia que antes del fatídico accidente.
Abel se levanta antes de que salga el sol para iniciar su jornada promedio de trabajo. Unas vendas cubren sus brazos y piernas; un pantalón de tela gruesa y playeras de manga larga son la "armadura" que viste para realizar cualquier labor cotidiana al aire libre.
"Me amarro vendas en mis muñecas, pero después de hacer mucha fuerza siento que se revienta mi piel, tengo que descansar tomo un respiro y la única opción es seguir, sobre todo cuando voy a los colados el esfuerzo es demasiado, subir y bajar escalones con varios kilos al hombro es complicado; luego de más de una hora de trabajo la picazón en mis brazos es insoportable, no me puedo rascar o tallar, la solución es trabajar más duro para intentar olvidar esa sensación", exclama el señor que tiene como único patrimonio una bicicleta y una humilde vivienda de dos cuartos construidos con lámina y carrizo.
La Historia
El 30 de marzo de 2012, la montaña de Santa Cruz Mixtepec, conocida como Cerro viejo, comenzó a incendiarse por causas hasta el momento desconocidas. Tras ponerse de acuerdo, varios habitantes de Valdeflores –entre ellos Abel–, subieron con herramientas de trabajo a sofocar el fenómeno que comenzó a más de 10 kilómetros del centro de la población.
Tras más de una hora de realizar el contrafuego, y en un descuido, Ramón Bazán se vio rodeado por las llamas; se quedó atrapado entre ellas, intentó escapar pero no pudo, y aunque las llamas no hicieron contacto directo con su cuerpo, el calor de éstas le derritió la piel, ocasionando que su dermis se hiciera una plasta impregnada a los músculos del campesino.
"Sólo sentí mi cuerpo muy caliente y salí corriendo hacía el lado contrario de las llamas. Me quité la camisa para que no se pegara a mi cuerpo, mi piel estaba como comprimida, aunque extrañamente a la ropa no le pasó nada. Luego, por instinto, me subí a la camioneta de un amigo y éste aceleró hasta llegar a la clínica del pueblo vecino de San Pablo Huixtepec. Apenas terminaba de estacionarse cuando abrí la puerta y entré corriendo al sanatorio pidiendo ayuda, creí que sólo se habían quemado mis manos, pero sentí un último dolor en las piernas al despegarme del asiento", relata el hombre mientras sus ojos cristalinos dejan salir el llanto contenido al recordar lo que consideró un castigo de Dios.
Dentro de su peculiar anécdota, sostuvo que intercambió un par de palabras con el doctor en turno y perdió el conocimiento, hasta que despertó en una cama de hospital creyendo que se podía ir a su casa sin ninguna complicación.
Rápida recuperación
“Hablé con mi esposa que todo el tiempo estuvo a mi lado, le dije si ya nos íbamos y me vio con cara de sorpresa, me informó que mis brazos, piernas y parte de la cara estaban quemados, le pedí un celular a mi hijo para que me tomara una foto; me asusté al ver parte de la cara y oreja negra como carbón”, narra.
Luego de pedir hablar con los doctores, el galeno le dijo que estaría tres meses en cama y que volver a realizar sus actividades comunes era de pronóstico reservado; sin embargo, el lesionado, aun con las llagas a flor de piel, advirtió que en un par de semanas saldría de la clínica.
“No me imaginaba encamado tanto tiempo, platicaba a solas conmigo mismo y me convencí que nada me derrotaría, me deprimí porque dependía de mi familia hasta para comer y siempre he sido independiente; además, pensaba en el sostén de la casa mientras estuviera incapacitado”, subraya Abel a cuatro años del suceso.
Tras desafiar los diagnósticos clínicos, y luego de estar internado sólo 17 días de los 90 pronosticados, más tres meses de curaciones y rehabilitación, el padre de cuatro hijos todavía pasó un año sin poder sostener el peso de una cuchara para alimentarse, hasta que poco a poco recuperó la fuerza hasta volver a recorrer los pueblos vecinos a bordo de su bicicleta.
“Otro factor para recuperarme rápido fue el cirujano plástico que vio mi caso, dio instrucciones para cambiar el tratamiento en mi piel, cuando ya había perdido la fe”.
La burla oficial
Días después de la tragedia, Abel fue localizado por trabajadores de la Conafor, quienes aún en cama le dijeron que lo iban a indemnizar por los daños que sufrió mientras intentaba salvar el bosque.
Ya recuperado, después de realizarle un estudio socioeconómico y de pedirle comprobantes de sus gastos médicos, la dependencia le dijo que le darían cuatro mil pesos de compensación.
Pero tras varias visitas a la clínica y al hogar del afectado, regresaron con un cheque por 2 mil 600 pesos, mismo que Ramón aún conserva como recuerdo, debido a que nunca pudo cambiarlo.
“Al menos 20 veces vinieron a tomar fotos de la casa, mis heridas y hacerme firmar papeles”, recuerda frustrado el valiente ciudadano.
Para poder cambiar el papel emitido por la aseguradora Interacciones, con la leyenda "No negociable y válido por 60 días", era necesario que Ramón Bazán abriera una cuenta en cualquier sucursal bancaria con un saldo inicial de 4 mil pesos, dinero que nunca pudo juntar a pesar de diversos intentos.
Desesperado, Magdaleno recurrió a la Conafor para que le dieran su dinero en efectivo, pero la dependencia omitió el caso porque ya tenían un papel firmado por el afectado donde decía que recibió un apoyo correspondiente al pago de sus lesiones ocasionadas durante un incendio forestal.
Listo para otro incendio
A cuatro años y tres meses de aquel accidente, el hombre, lleno de cicatrices, dice estar listo incluso para enfrentarse a otro incendio, o cuando la población lo necesite. Mientras, continuará sembrando caña hasta que su piel lo permita.
4 años tiene que ocurrió la tragedia
4 hijos dependían del campesino cuando fue el accidente
2 mil 600 pesos le intentó dar la Conafor como compensación
4 mil pesos tenía que juntar Abel para cambiar el cheque
17 días estuvo internado, de los 90 pronosticados
