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George Patton, el "general Sangre y Agallas"

Foto(s): Cortesía
Redacción

Nacido en 1885 en California en el seno de una familia de militares que habían peleado en la Guerra de la Independencia y en el bando confederado de la Guerra Civil de los Estados Unidos, el general George S. Patton sería mundialmente conocido por su apodo de “General Sangre y Agallas” (“General Blood and Guts”, en inglés), después que arengara a sus soldados para que se sumergieran en la sangre y las agallas de sus enemigos para vencer en la Segunda Guerra Mundial.


El general George Patton fue un militar brillante y visionario, que se haría famoso en 1916 en su país cuando durante la invasión militar contra México, capturó y mató a Julio Cárdenas, comandante de la guardia personal de Pancho Villa.


Posteriormente, después de participar en la Primera Guerra Mundial como capitán y teniente coronel, vaticinó acertadamente la crucial importancia que tendría el uso de carros blindados en las ofensivas militares. 


Estrategas más geniales de la Segunda Guerra 


El general Patton creía que estaba destinado a grandes cosas.


Su hijo, George, relató que en los años 30’ Patton comandaba el 3er Regimiento de Caballería en Fort Myers, Virginia. Un día oyó sollozos en el estudio de su padre y tocó para ver qué pasaba.


Cuando entró, un entristecido Patton le señaló un libro sobre su escritorio y le dijo: “Napoleón fue general a los veintiséis años y aquí estoy yo, a la edad de cincuenta años, sólo teniente coronel”.


Intrépido y soberbio La carrera militar de Patton duraría 36 años, destacándose especialmente en la Segunda Guerra Mundial, durante la campaña de África, la invasión de Sicilia y, sobre todo, en la batalla de las Ardenas, cuando sin consultar a sus superiores y usando las mismas tácticas de la guerra relámpago que habían inventado los militares alemanes, encabezó la ofensiva aliada que rescató a parte del ejército norteamericano que se encontraba en la localidad belga de Bastogne. 


La imagen de Patton era la de un líder brillante, pero también solitario y controvertido, que odiaba a los cobardes.


Su imagen personal también sería mítica, al usar, al modo de los cowboys del Lejano Oeste, sus dos famosas pistolas de marfil o su casaca para el frío que solían usar los pilotos de los bombarderos norteamericanos y que había sido hecha especialmente para él.


Patton dejaría, por cierto, varias frases para el bronce, que retrataban su compleja personalidad: “El objetivo de la guerra no es morir por tu país, sino hacer que otro bastardo muera por el suyo”; “Que Dios se apiade de mis enemigos porque yo no lo haré”. 


Líder brillante


El General Patton tenía unas creencias religiosas algo complejas y a menudo afirmaba haber tenido visiones vívidas de sus ancestros.


También, para sorpresa de algunos, creía firmemente en la reencarnación. 


Durante la Primera Guerra Mundial, en diciembre de 1917, una vez que se encontraba en la localidad de Langres, en el noreste de Francia, llegó a la escuela de tanques del lugar y rechazó la invitación de un oficial que le quería mostrar un antiguo campamento romano.


“No es necesario” – le dijo Patton- “lo conozco bien”. Creyente en la reencarnación Patton aseguraba que en una vida pasada había estado apostado en Francia como un legionario romano, por lo que les señaló a sus allegados los sitios donde se encontraban los antiguos templos y el anfiteatro romanos, campo de prácticas y el foro, e incluso les mostró dónde el cónsul romano Julio César había hecho su campamento para luchar contra los galos. 


Patton más tarde le confesaría a su sobrino que “fue como si alguien estuviera al oído susurrándome esas informaciones”. Patton también creía que una vida anterior había combatido en las guerras púnicas que enfrentaron a Roma y Cartago y que también había sido un oficial de las tropas napoleónicas al mando del mariscal francés Ney.


Cuando Patton pisó los desérticos suelos de África por primera vez, para combatir contra el África Korps del general alemán Erwin Rommel, siempre aseguró que ya conocía toda la zona pues en una vida pasada había combatido tanto contra romanos como contra cartagineses. Curiosamente, el general Patton tenía varias cosas en común tanto con el general romano Escipión, llamado El Africano, así como con el general cartaginés Aníbal, quien fuera derrotado por Escipión en la Batalla de Zama en el año de 202 A.C. Aníbal y Patton provenían de familias adineradas y ambos vivían cerca del mar.


Los dos eran intrépidos jinetes, pero terminaron ingresando a la infantería. Ambos hicieron sus primeras armas como líderes militares en un país hispano, Patton en México y Aníbal en España. Los dos estaban enamorados con los blindajes pesados, Patton con sus tanques y Aníbal con sus elefantes.


La derrota final de Aníbal ocurriría en el norte de África, mientras que Patton estrenó su talento militar en la Segunda Guerra Mundial aterrizando en el norte de África. Por otra parte, el general romano Escipión estudió las tácticas de su rival Aníbal para derrotarlo en Zama, mientras que el general Patton estudió las tácticas del general alemán Erwin Rommel para derrotar a su división Panzer en el norte de África.


La brillante carrera militar de Patton durante la Segunda Guerra mundial, tal como otros episodios en su vida, terminaría de un modo controvertido. 


Patton, en abril de 1945, todavía frustrado porque su superior, el general Dwight “Ike” Eisenhower, no le había permitido ocupar Berlín antes que los soviéticos, en un festejo de la victoria aliada donde se encontraban los altos mandos rusos, dio un discurso anticomunista, desatando la molestia de los soviéticos, por lo que sería relevado del mando del III Ejército y transferido al XV Ejército, una unidad de oficina que preparaba una historia de la guerra.


Triste y abatido, Patton fallecería el 21 de diciembre de 1945 en Heidelberg, Alemania, después que el automóvil en el que viajaba fuera embestido violentamente por un camión, sufriendo graves lesiones.


Sería enterrado con honores en el cementerio de guerra estadounidense de Hamm, en Luxemburgo.

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