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Explotación y COVID-19: niños, entre dos frentes con las escuelas cerradas

Foto(s): Cortesía
Nadia Altamirano Díaz

Desertar de la escuela, disminuir su desempeño escolar y pasar más tiempo en calle realizando trabajo antes de la edad permitida por la Ley, son parte de los estragos que la pandemia deja en la población infantil de las familias con bajos ingresos.


Para Gabriela, de 13 años de edad, la contingencia por la COVID-19 hizo que su derecho a la educación lo ejerza con más retraso y tenga casi todo el tiempo libre, pero no para jugar sino para buscar zapatos que lustrar a cambio de 15 pesos.


Junto con otros integrantes de su familia que por temporadas dejan su casa en San Simón Zahuatlán, el quinto municipio del país más pobre de México, Gabriela se dispersa por un par de parques de la ciudad de Oaxaca y cuando alguien cree que es capaz de sacarle brillo a sus zapatos, ella se tumba en un pequeño banco de madera.



¿Estudiar?


De un sencillo cajón de madera saca brochas, jabón, agua y retira la suciedad de los zapatos, primero de uno y después de otro.


Es la mejor técnica antes de que la pintura y la grasa le permitan cambiar el aspecto del calzado.


Acostumbrada a que le pregunten sobre ella, porque la gente “se sorprende que no hay muchas mujeres boleras”, ella relata su vida, dice su nombre completo, cuántas personas integran su familia y que su lengua madre es el mixteco.



“Aquí rento con mi familia, tengo 13 años y me gusta ser bolera”, expresa sin distraerse y orgullosa de su inteligencia que le ha permitido enseñar sus habilidades a una prima que también aprendió el oficio.


“Mi hermano también es bolero, le gusta y a él un señor le ofreció enseñarme y yo aprendí en 15 días y luego me gustó, hay gente que me dice que le eche ganas, que no deje la escuela, que estudie”, relata.



Para su edad Gabriela debió haber terminado la educación primaria años atrás, pero apenas cursa el sexto grado, aunque con las escuela cerrada en San Simón Zahuatlán lo hará hasta que en el municipio le avisen que día le entregarán examen para responder en casa y devolverlo, la única manera que tiene de aprender.



Riesgos


Si Gabriela saliera temprano de casa se expone a que la asalten, el miedo mayor que tiene por encima de contagiarse de SARS-CoV-2 y enfermar de COVID-19, algo que no le ha ocurrido a ningún integrante de su familia.


Si ella se empeña y encuentra clientela, puede bolear en un día hasta diez pares de zapatos, pero depende de que la gente acepte, “ofrezco mi servicio, pero hay algunos que no quieren”.


Quedarse en casa implica no tener para comer, por eso para ella y su familia es imposible respetar un resguardo domiciliario.


Para el director del Centro de Apoyo del Niño de la Calle (Canica) Oaxaca, Rafael Bucio Escobedo, casos como el de Gabriela, cuyo nombre es ficticio para resguardar la identidad de la menor, ejemplifican los estragos de una pandemia que va más allá de la afectación en la salud de las personas.


“El trabajo infantil específicamente en la calle tiene que ver con la situación socioeconómica de las familias porque hay una insuficiencia material de los hogares y con la pandemia hay incremento del trabajo infantil”, asegura.



Con las complicaciones económicas que se mezclan con la falta de habilidades para convertirse en profesores de sus hijas o hijos, las familias en condiciones de pobreza han optado por dejar de lado la educación básica.



Así, se “incrementa el número de horas de trabajo en calle y el inicio más temprano del trabajo infantil o acompañamiento”, siendo “normal” a los cinco años o antes.


La problemática es clara: “Niños o niñas que se encontraban estudiando han dejado sus estudios para trabajar o aumentar las horas que destinan para acompañar a su mamá o a su papá a trabajar en la calle”.


Canica planea realizar diagnósticos para dimensionar el impacto de la pandemia en el trabajo infantil, porque en estos momentos no hay cifras claras.


Lo único que se sabe es que en promedio los ingresos familiares disminuyeron en un 50% en familias que trabajan en calle.


“Queremos poder medir todos los aspectos en que impacta la pandemia: deserción escolar, disminución del aprovechamiento, impacto de la salud emocional, pero implica un trabajo de observación y diagnóstico”, adelantó.



Cuando la trata de personas ni la explotación están inmiscuidos, el trabajo infantil representa una forma de subsistencia familiar.



Chamba 


151.6 millones de niños y niñas son víctimas del trabajo infantil en el mundo.


12 años permite la Convención No.138 de la OIT cualquier tipo de trabajo ligero (que no interfiera con la educación) de los menores.


1er lugar en el país por trabajo infantil para Oaxaca.


3.3 millones de niñas y niños menores de 17 años trabajan.



 


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