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Con música, combaten la violencia

Foto(s): Cortesía
Citlalli López Velázquez

Violines, trompetas, oboes, clarinetes, tubas, chellos y fagot, en manos de las niñas, niños y adolescentes de la colonia Vicente Guerrero construyen melodías de esperanza desde la Escuela de Iniciación Musical Santa Cecilia, proyecto que nació hace nueve años con el objetivo de cambiar el contexto de violencia que vivían en la zona cercana al tiradero de basura.


Desde su fundación como un pequeño taller de cinco estudiantes en la parroquia local, más de 300 personas han pasado por sus instalaciones, algunas abrieron alas para seguir el camino de la música de manera profesional, otras tomaron la disciplina y concentración para avanzar en distintos proyectos.


“La música les crea esperanza, se sienten dignos de estar en los conciertos y grandes salas como en el Cenart (Centro Nacional de las Artes) en la Ciudad de México. En sus sueños imaginaban estar en un lugar así; muchas veces por la característica de la zona, la gente les decía los niños del basurero, la banda de la basura. Ellos se preguntaban ¿por qué nos dicen así, si no estamos dentro de la basura? Eso en su vida les marcó. Recuerdo mucho cuando una vez publicaron “Nace el arte en la agencia Vicente Guerrero”, ahí ellos fueron vistos de manera diferente”, explica Modesta Sánchez López, presidenta de la Asociación Civil Armonía, juventud y Comunidad de la cual depende la escuela de música. 


Un rechazo al pandillerismo 


Agni, originario de Miahuatlán de Porfirio Díaz llegó a vivir a la González Guardado cuando apenas tenía diez años de edad. El nuevo ambiente en que habría que desenvolverse no se parecía en nada al de su tierra natal.


“Yo veía vandalismo, chavos drogándose en la calle, a mi me maltrataban a veces en las escuelas”.



La escuela fue fundada hace 9 años para construir un contexto libre de violencia para la niñez y adolescencia de las colonias circundantes al tiradero municipal.  FOTO: Jesús Santiago

A los 12 años de edad, su vida dio un giro de 360 grados y zanjaron el camino en el que ahora, como estudiante de la Escuela de Bellas Artes de la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca (UABJO), se desenvuelve con el objetivo de ser un profesionista en la música. 


“Yo inicié porque lo ví como una forma muy distinta de expresarme. Me acuerdo que íba pasando por aquí con mi mamá y leí que decía “inscripciones abiertas”. Le dije que quería venir. Empecé con las clases, al poco tiempo ya me gustaba bastante”.


Él es el segundo de tres hermanos. Su padre se dedica al tallado de lentes y su madre a las labores del hogar.


Uno de los momentos más emotivos en su vida -recuerda- fue la vez que la banda musical pisó el teatro Macedonio Alcalá, el máximo escenario de Oaxaca.



Instrumentos en el taller de reparación.  FOTO: Jesús Santiago

“Sentí mucha emoción, felicidad porque no me veía ahí en varios años y sin embargo lo logré. Me sentí feliz, ese día lloré porque estaba ahí a pesar de que nuestra colonia es mal vista. La experiencia me marcó de por vida y fue un impulso para ver hacia adelante y decirme que sí se puede”.


Jimena, de 15 años de edad asiste a la escuela desde hace cinco años para aprender a tocar violín.


Múltiples sentimientos y la concentración se adueñan de su ser cuando su rostro se posa sobre la barbada del instrumento. Con el arco deslizándose sobre las cuerdas, Jimena se envuelve con las notas de las partituras bien memorizadas. 


“Con el violín me puedo expresar, me olvido de todo y sólo me concentro en lo que estoy haciendo. Quisiera seguir aprendiendo más y algún día volver a pisar el escenario del Cenart”.


Luz entre la sombra 


Cuando surgió la idea de formar la escuela, José Rentería Pérez, socio de la asociación civil y miembro fundador, pensó en todas las violencias que la juventud vivía en una comunidad difícil.


“Muchos estaban en situación muy semejantes”.


El planteamiento era ofrecer alternativas para el desarrollo artístico y humano. Se otorgaron talleres de danza, pintura, dibujo, pero lo que despuntó casi de manera inmediata fue la música. 



A través de la música logran arrancar a la juventud del pandillerismo y drogadicción.  FOTO: Jesús Santiago

De cinco estudiantes subieron a 21; actualmente hay más de 130 y una larga lista de espera. “La escuela ha logrado impactar en la manera de los cambios personales, familiares y comunitarios. Hay chicos que logran estabilizarse y manejar sus situaciones de violencia, la familia tiene un cambio y surgen cosas hermosas. Hay chicos que dejaron la calle o las drogas, bandas o pandillas”.


El impacto positivo para la comunidad, asegura María Elena, tesorera del comité directivo de la sociedad, es palpable tanto en la disminución de la violencia como en la generación de empleos dignos para quienes egresan de la misma escuela como maestros o lauderos, es decir reparadores de instrumentos, algunos de los cuales se han enviado a capacitar al extranjero.


A pesar de los resultados, la Escuela de Iniciación Musical Santa Cecilia sólo ha recibido promesas de apoyo gubernamental bajo argumento de que hay otras prioridades en agenda. 


“Es increíble que todo lo que se está haciendo, el esfuerzo de la comunidad, no ha sido valorado. Es increíble cómo se cierran las puertas aún cuando la gente está dispuesta a transformar la realidad de las niñas y los niños”, reclama Modesta.


Actualmente la escuela opera en un espacio que fue adquirido por la misma comunidad.


La construcción, así como parte de los instrumentos se pudieron concretar a través de donaciones de organizaciones extranjeras, quienes la única condición interpuesta es que el proyecto no deje de generar esperanza.

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