Ambas son oaxaqueñas, originarias de Tlaxiaco. Volvieron para presentar Roma, el filme ganador del León de Oro en Venecia, en el que iniciaron como actrices bajo la dirección de Alfonso Cuarón.
Este filme se estrenó ayer en el Teatro Macedonio Alcalá, en el marco del aniversario siete de OaxacaCine. Yalitza Aparicio y Nancy García ofrecieron una voz en un intento de visibilizar a las muchas mujeres que emigran de su comunidad para trabajar en otros hogares. Esa voz no fue sólo hispanohablante; también sonó en lengua mixteca.
Nuevas actrices
Yalitza se presentó a la audición para poder compartirle a su hermana cómo era la experiencia de hacer un casting. No esperaba ser seleccionada ni mucho menos hacer un papel protagónico, pero finalmente aceptó darle vida a 'una de las mamás' de Alfonso Cuarón: "Mi madre también es nana; trabaja como empleada del hogar y quise aprovechar esta oportunidad para hacerle un homenaje".
Nancy le ayudaba a leer y pronunciar la lengua mixteca, porque Yalitza había perdido la práctica desde que sus padres le prohibieron hablarla. Sin saberlo, también se involucró en un proceso de selección actoral para trabajar con el ganador del Óscar: "Yalitza me invitó a traducir un texto en mixteco, y yo no sabía que se trataba de un casting", recuerda entre risas.
Luis Rosales dio cuenta de su labor como director de casting, en el proyecto más íntimo de la filmografía de Cuarón. Casi nadie tuvo acceso al guión completo, para que el equipo de producción pudiera descubrir la historia con la misma incertidumbre que está implícita en la vida cotidiana.
"El director me dio muchos detalles de cada personaje. Notaba que había una familia muy peculiar; pasaron semanas para que yo descubriera que se trataba de la familia del mismo director".
Y es que al igual que millones de personas en México, Alfonso Cuarón tuvo dos mamás: una de ellas, indígena, que tuvo que viajar para trabajar en una ciudad donde las diferencias de origen suelen clasificar a las personas, y la ciudad ya le guardaba un lugar en los espacios de segregación normalizados en el día a día.
"¿Cómo hacen tantas mujeres para salir a trabajar y brindar el amor de una madre sin distinciones?", dice Yalitza ante los medios en Oaxaca. La discriminación nunca impidió que Alfonso y su niñera desarrollaran un vínculo de amor madre-hijo, cuyos frutos están plasmados en esta historia, narrada desde los ojos de una nana en el México de 1971.
Ambas mujeres comparten una misma experiencia de orgullo identitario, por haber dado voz a la diversidad cultural y lingüística desde una mirada femenina.
