“Y tú, ahijadito, pareces mendigo, ni me escuchas, no hablas nada, no dices nada”. La madrina, incapaz de lidiar con el alcohólico, deprimido y recién huérfano Elder Mamani, lo envía a vivir con su abuela a la ciudad minera de Huanuni, en el corazón montañoso de Bolivia. Viejo calavera (KiroRusso, Bolivia, 2017) describe los tumbos de Elder, incapaz ya ni siquiera de integrarse a la dura vida de los mineros, sino de mantenerse sobrio.
La primera película de Russo es un ejercicio formal deslumbrante y una interesante inmersión casi etnográfica en las condiciones de vida de esta comunidad boliviana. La trama es contada con distanciamiento y a cuentagotas, sin profundizar en la personalidad de Elder, el atormentado y repulsivo protagonista. Hay, en contraste, una descripción minuciosa de la atmósfera de encierro de la mina, en la que convive el grupo de trabajadores que tolera a Elder por respeto a la memoria de su padre muerto y por su padrino Francisco, minero también.
La cámara de Pablo Paniagua consigue imágenes de gran plasticidad, con un dominio total de las luces y las sombras en la oscuridad de la mina. El ritmo de la cinta va cerrando poco a poco los espacios, primero muy abiertos, dominados por cielos inmensos y llanuras azotadas por el viento, para luego enclaustrarse en los túneles estrechos y los planos cerrados que transmiten la idea de asfixia, apenas tolerable por la hoja de coca masticada y por el alcohol que bebe Elder con frenesí.
“Me han dicho que estoy marcado para siempre”, dice un obrero regordete, con un escorpión tatuado en el cuello. Todos los personajes de Viejo calavera son interpretados por actores no profesionales, todos mineros de Huanunicon “inclinaciones artísticas”, según cuenta KiroRusso en una entrevista reciente.
La participación del gremio dota a la cinta de una autenticidad inusitada; el lenguaje popular suena fresco y, aunque ininteligible a ratos, aporta a la verosimilitud del relato. “Estamos dejando nuestros pulmones en la mina, en beneficio de nuestra empresa”, dice sin afán demagógico otro minero en medio de una arenga, mera confesión de quien sabe que la identidad de la comunidad en la que viven está atada a la suerte de la mina que les devora la vida.
Quizá lo más destacado de la película sea su edición de sonido. Al igual que la fotografía, los sonidos juegan con los contrastes. Aunque carente de música de fondo, el ambiente de la mina parece rememorar la secuencia inicial en un estruendoso bar de música electrónica: el ritmo monótono es replicado por la maquinaria que trabaja incesante, un leitmotiv a lo largo de la película.
¿Y Elder? No hay mayor sorpresa en su destino. “Ya no tiene remedio ese chango”, sentencia alguno de los mineros. Tw: @minofernando
La película
Kiro Russo | Bolivia – Qatar | 2016 | 80 minutos. Guión: Kiro Russo y Gilmar Gonzales | Edición: | Fotografía: Pablo Paniagua | Música: Alessandro Marcello Kano | Reparto: Julio César Ticona, Narciso Choquecallata, Anastasia Daza López y Rolando Patzi | Compañías productoras: Socavón Cine | Producción: Pablo Paniagua y Kiro Russo| Distribución: Interior XIII | Clasificación B.
Premios y Festivales
2017 Mejor Director en el Festival Internacional de Cine Independiente BAFICI | Mejor Película en el Festival Internacional de Cine de Cartagena FICCI | Gran Premio Ciudad de Lisboa en el Festival Internacional de Cine Independiente IndieLisboa
2016 Mención Especial en la Sección Cineastas del Presente en el Festival Internacional de Cine de Locarno.
