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El "Patita Hernández", la leyenda del boxeo en Oaxaca discriminado por su discapacidad

Foto(s): Cortesía
Giovanna Martínez

Levantar los brazos en señal de triunfo, fue una constante en la vida boxística de Nicolás Hernández Ramos, quien con una prometedora carrera arriba del ring a nivel nacional, se conformó con ser un rey en Oaxaca. El nocaut a su carrera se debió a una discapacidad que lo dejó para siempre en la esquina.


A pesar de haber ganado 83 pelas de 89 a nivel amateur y profesional y ser dos veces campeón de los Guantes de Oro en 1970 y 1971, las autoridades le negaron representar a Oaxaca a nivel nacional debido a un problema en su pierna izquierda.


Recordar ese episodio y las veces que le negaron la oportunidad de ser campeón nacional, le provoca impotencia, tristeza y coraje tras su retiro del deporte, hace ya varias décadas.


Con los ojos cristalinos y el semblante triste, contiene el llanto, el Patita - apodo que le otorgaron por su discapacidad – relata que nunca se sintió imposibilitado para alcanzar su sueños.


“Tiraba guantes” en la calle


Originario de San Bernardo Mixtepec, Zimatán, recuerda que desde pequeño escuchaba las peleas de box por radio, con la gran imaginación que en aquel entonces tenía, se veía en la edad adulta, protagonizando una pelea.


A la edad de 16 años, establecido en la ciudad de Oaxaca, se compró sus primeros guantes de box y con los chavos de su edad en la calle “tiraba guantes” -protagonizaba las peleas-.


Expresa que un año después acudió a un gimnasio especializando en este deporte, en donde empezó su carrera.



En su casa guarda sus recuerdos. FOTO: Giovanna Martínez

Guantes de Oro


A la edad de 22 años, con cinco años de entrenamiento, logró competir y ganar el torneo de Guantes de Oro, nombre que recibe el máximo circuito del  boxeo amateur celebrado anualmente en la Ciudad de México, y en el que participan boxeadores de toda  la República mexicana.


“Pensé que me iban a llevar a representar a Oaxaca a nivel nacional, ya que hice ocho peleas para ser campeón del Estado y todas las gané, no había pretexto; pero lamentablemente llevaron al segundo lugar”, dice.


El pretexto que le dio el presidente de la comisión de Box, fue que debido al problema con su pierna no lo llevarían; esta decepción originó que aquel día Don Nicolás se refugiara en el alcohol, “lloré mientras el mezcal me acompañaba”.


“Si puedo”


A pesar de ver su pasión truncada,  no se dio por vencido y las ganas de demostrar que podía salir adelante, fueron más grandes que la decepción que se llevó con las autoridades boxísticas.


Por lo que al año siguiente, en 1971, volvió a competir y ganar nuevamente el torneo de los Guantes de Oro, solo para demostrar que podía ser representante digno de la entidad, pero en esta ocasión ya sabía la respuesta, por lo que decidió retirarse de la categoría amateur para ingresar a torneos profesionales.


Poliomielitis


Don Nicolás narra que a la edad de un año, fue diagnosticado con esta enfermedad, causal de la deformidad en su pierna izquierda, de ahí el apodo del Patita.


A pesar de esto, nunca se rindió, por el contrario, siempre fue el pretexto para demostrarse a sí mismo que ninguna discapacidad lo limitaría para realizar sus sueños y cumplir sus objetivos.


Hoy, a la edad de 69 años se ayuda de unas muletas, debido a una caída que sufrió hace nueve años y una operación para quitarle cinco centímetros de hueso, lo que acortó la logitud de su pierna.


“Nunca fue un obstáculo, me fallaba la pierna y tenía dos centímetros menos en aquel entonces, pero me animé a correr y hacer ejercicio, nunca me rendí”, dice.



Poliomielitis, enfermedad que le diagnosticaron al año de edad. FOTO: Giovanna Martínez

De boxeador a hojalatero


Don Nicolás dejó el boxeo a la edad de 37 años, actualmente vive solo, pues su esposa falleció hace 21 años y sus tres hijos están casados.


Tiene un taller de hojalatería y pintura, en donde en sus tiempos libres se dedica a darle una “manita de gato” a varios automóviles.


Su humilde vivienda hecha a base de lámina en donde guarda recuerdos de sus trofeos y tiempos de gloria.


Por la tarde, entrena a jóvenes gustosos por el deporte en la agencia de Montoya, lugar donde transmite sus conocimientos para que ellos no vean en el alcohol o las drogas un refugio.


Lo único que lamenta en su vida es no haber continuado sus estudios, pues asegura que únicamente cuenta con el nivel de primaria, la cual pudo terminar en escuela nocturna.


—¿Quiere continuar con su labor de enseñar boxeo todavía?-, se le cuestiona.


—Si, es mi hobbie y quiero seguir enseñando a los chavos-, finaliza.

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