Luego de esperar tres años, los play offs de la Liga Mexicana de Beisbol (LMB) han retornado a Oaxaca y la emoción de la afición se vive al máximo luego de no vivir esta fiesta desde el 2015.
El pasado viernes por la noche, Tláloc impidió que hubiera juego. El tercero de la serie del primer play off del Campeonato de Otoño de la Temporada 2018 de la Liga Mexicana de Beisbol (LMB), representó el primer choque de esta instancia en la capital oaxaqueña. Ningún fanático del beisbol quería perdérselo.
Tras dicha suspensión del viernes, las hostilidades se reprogramaron para ayer a las 13:00 horas, un horario difícil, complicado, de trabajo o escuela, por lo que a pesar de que no hubo un lleno total en el estadio como se esperaba, sí se registró un gran ambiente.
En total ingresaron 3 mil 7 personas, menos de la mitad de la capacidad del Parque Licenciado Estadio Eduardo Vasconcelos, que es de 7 mil 200.
Aficionados que acudían en motocicleta, decepcionados y molestos porque los señores de seguridad no permitían estacionar más unidades a las afueras de uno de los accesos a los laterales.
Mujeres y hombres portaron el jersey oficial o la gorra del equipo bélico, acudieron con el amigo o en familia.
La cerveza, muy solicitada. Los cubeteros tenían chamba y cómo no, con el calor daba sed y había que refrescarse para disfrutar del encuentro. Pero los que no estuvieron encendidos ahora fueron los bateadores extranjeros de la tropa.
Por el horario, no hubo show de Guerreritas en el terreno de juego; sin embargo, salió la experiencia de la mascota oficial, Tato, quien sabe sacar su mejor repertorio a la hora cero y subió a las tribunas a prender más la algarabía.
Un partido cerrado, donde parecía que Oaxaca podía conseguir la voltereta e incluso ilusionaron en la sexta entrada pero el pitcheo de Leones significó un colmillo bien afilado para atacar a los bélicos.
La ola y las porras para Guerreros sonaron a todo pulmón en este histórico recinto universitario de beisbol.
Yucatán contó con un mínimo grupo de apoyo en el graderío del jardín izquierdo. Pocos pero ruidosos, a base de “tamborazos” transmitieron sus mejores vibras a los felinos. Su sonido retumbaba en todo el estadio.
Los aficionados de Guerreros se quedaron con el deseo de ver ganar a su equipo, tal y como ganaron el pasado lunes y martes esos dos encuentros en Yucatán para irse arriba en la serie. Esta vez, la historia fue distinta.
Pero la ilusión está latente. Se fueron del parque de pelota con la esperanza de regresar hoy y ver ganar a sus Guerreros.
Las matracas están en espera de sonar para festejar las carreras al igual que la banderas de ser ondeadas y las gargantas de celebrar el triunfo.
