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Triquis: lecciones de los niños basquetbolistas que el gobierno olvidó

Foto(s): Cortesía
Redacción

Todo parecía estar en su contra. Melquiades, Dylan, Tobías, Bernabé, Aniceto, Efrén, Daniel, Luis Enrique y Anselmo caminaban descalzos todos los días más de una hora hacia sus escuelas, tenían que trabajar en el campo con sus padres y comían sólo una vez al día. Eran, como la mayoría de población infantil de triquis de Oaxaca,  seres segregados cuyos destinos estaban encaminados al olvido y la pobreza.



 


La indiferencia del gobierno estatal y federal nunca prestó atención a las necesidades de estos niños. Jamás se preguntó qué sería de ellos: si tenían algún tipo de necesidad o su iban a terminar, como otros, despojados de su vida y su libertad a causa de la violencia y el narcotráfico.


Pero el curioso destino hizo de las suyas. Sergio Zúñiga se había prometido regresar a su pueblo y ayudar a los niños que, como él, tenían enormes dificultades en la vida. No sin esfuerzo, comenzó a entrenarlos y, poco a poco, el éxito llegó. Las cosas cambiaron drásticamente gracias al talento y la entrega de estos pequeños. Su primer viaje fue a Orlando, Florida. Más tarde, Londres, Barcelona, Uruguay y Alemania se sumarían a los países que visitarían, asombrando a todo el mundo por su habilidad con el balón.



 


Hasta que saltaron a la fama, los ojos de las instituciones voltearon hacia ellos. No antes. Incluso, fue gracias a una beca —proporcionada por la NBA — que ellos pueden estudiar en Estados Unidos; algunos serán abogados, otros médicos y otros más, ingenieros, y lo mejor: no dejarán el deporte de lado.


Mientras tanto, los niños triquis continúan sumándose a este deporte y siguen mejorando sus vida a través de él.  Para ser parte del equipo hay tres reglas que seguir: leer un libro cada 15 día, ir a la escuela y tener un promedio de 8.5, y hablar su lengua materna.



 


Conocidos como los  “gigantes descalzos de las montañas”, estos niños son el ejemplo perfecto de dos cosas: la falta de apoyo que ha existido siempre en los gobiernos estatales y municipales —en este caso, del PRI— y la enseñanza de que nada es imposible si se tiene claro salir adelante.


Las cosas podrían cambiar mientras que existan propuestas que establezcan la educación como una prioridad, no como el lujo de sólo algunos afortunados.  Esto dejaría a la juventud mexicana donde tiene que estar: en las aulas y en el deporte, no en las redes de la violencia o buscando oportunidades fuera del país.

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