Diego Juárez Martínez reconoce que jugar futbol profesional no estaba en sus planes, pero las circunstancias se dieron y lo aprovechó.
El habilidoso jugador nació en el barrio de La China entre las calles de Las Casas y Mier y Terán. Es el tercero tercero de cuarto hermanos.
Su papá fue beisbolista de corazón y desde pequeños quería que practican el mismo deporte, pero a Diego no le llamó la atención.
Para jugar futbol, el delgado chamaco se escapaba para ir a patear la pelota, cuando tenía ocho años de edad. Todas las tardes disputaban cascaritas en el patio del templo de La Soledad o en la Plaza de la Danza.
La escuela Presidente Alemán organizó un equipo y Diego fue parte de él. En la secundaria 115 fue integrante de la selección y en la preparatoria continuó con la escuela.
Para esa época —recuerda— y el único que entrenaba a jovencitos era Roberto Castellanos, pues preparaba a los estudiantes del Tecnológico para participar en los eventos de Inter Tecnológicos. El primero que llegó a instalar una escuela formal fue Cesáreo Victorino.
SU INGRESO A LA MAYOR A
“A los 16 años, llego a entrenar al Tecnológico con Roberto Castellanos, y de ahí me incorporo a un equipo de la colonia para ir a jugar el torneo de Barrios”, recuerda.
Pero Diego jugaba con el equipo de la Prepa que que participa en el año de 1982 en un evento organizado por el CREA donde disputó la final ante la Escuela de Cruz Azul.
“Al final del encuentro, Cesáreo me invitó a integrarse a la Escuela del Cruz Azul, y ahí estuve durante dos años”, comenta.
Jacobo Bohórquez lo invita para jugar con el equipo de Sabritas que militaba en Mayor B, logrando con el equipo el ascenso a Mayor A, y vuelvo a la Escuela para ser campeón al ganarle en la final a Universidad con un golazo de Cesáreo Victorino, enviando disparo pasando el medio campo, para tomar adelantado al portero universitario.
Inicia su aventura en el futbol profesional
En 1988 tuvo una oportunidad para ir a probarse a Jasso Hidalgo. Con él se fueron Saúl Hernández, Pánfilo “Uribe” Cruz y Abraham Ortiz, pero no tuvo suerte, ya que no hubo quien les echara la mano. De regreso de Jasso, se va a Lagunas a probarse y tampoco tuvo la suerte.
Con la moral por los suelos Diego regresa a la ciudad, donde se encontró con que estaban haciendo pruebas para conformar el equipo Chapulineros de la Segunda B, siendo la temporada en que Oaxaca contó con dos equipos.
Asiste a las pruebas y se queda en el equipo de la segunda B que dirigía el profesor Roberto Castellanos y Germán Santamaría, en tanto el de la segunda A la dirigía Salvador Reyes.
PRIMER JUGADOR OAXAQUEÑO VENDIDO A OTRO EQUIPO
Ahí permaneció hasta 1991, ya que en el 92 sale de las filas saltarinas para irse al Tampico que estaba jugando en la Segunda A, permaneciendo ahí hasta 1994.
Retorna a las filas oaxaqueñas en el 95, cuando el equipo estaba siendo dirigido por Roberto Escalante y Hernán Martínez.
“Desgraciadamente nunca pude lograr un campeonato en mi trayectoria como jugador profesional pues cuando los Chapus son campeones yo estaba en Tampico”, recuerda.
Con Tampico tuvo buenas actuaciones, pero vendieron el equipo al Querétaro para formar los Gallos Blancos TM. “Los sueldos no eran buenos y regreso a Oaxaca.
SU RETIRO DEL FUTBOL PROFESIONAL
Su carrera como jugador profesional la concluyó en la temporada 1996-1997 jugando para los Chapulineros. “Fue una etapa muy bonita, ya que te tenías que sacrificar para ir a entrenar, porque no era tan fácil como ahora, donde los papás los llevan a los entrenamientos.
“¡No!, en ese tiempo tu tenías que ver manera de llegar a los entrenamientos, trasladarte al Tecnológico o al Carlos Gracida, por lo que ahí se veían las ganas y la ilusión de buscar jugar buen futbol.
Apunta que la etapa más bonita que vivió fue en 1992, al señalar que ya no quería seguir jugando, estuvo más de 20 días parado, no hizo pretemporada, porque no lograba llegar a un buen acuerdo con la directiva.
Pero una noche anterior antes de enfrentar a Tampico en duelo amistoso, le llama Cesáreo Victorino y le dice fuera a jugar y él le iba a apoyar para negociar su contrato.
“Llego al partido, y le ganamos 3 goles por 1 a Tampico, y meto dos goles, para luego recibir la sorpresa más grande, decide venderme, aunque no me gustó la forma del arreglo, tuve que aceptar la venta”, rememora Diego.
DE REGRESO A LOS ORÍGENES
Tras abandonar el futbol profesional vuelve a sus orígenes para jugar con Tubos y Conexiones en la Mayor A, desfilando después con Bonetera Santaella donde fueron campeones.
Además, declara haber estado un tiempo en el futbol rápido cuando este deporte estaba en su apogeo, integrando el equipo San Mar, teniendo al fortuna de ir a México, Monterrey y Guadalajara.
A los 35 años decide integrarse a la categoría de veteranos para formar parte del equipo Prepa, con el que permanece hasta la fecha sólo que ahora a sus 55 años de edad juega en la categoría diamantes.
