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Incertidumbre en el beisbol mexicano

Foto(s): Cortesía
Julio León

El silencio permea en el graderío que rodea el diamante.


Con el rojo y blanco de las butacas, el azul del cielo decorado con nubes y el espléndido verde del empastado sintético, son como oxígeno que extraña la afición del beisbol.


Inevitable la atmósfera de nostalgia por la ausencia de emociones que se registró en el 2020 en el estadio Eduardo Vasconcelos, casa de los Guerreros de Oaxaca.


Los fuertes rayos del sol pegan con fuerza y de pronto se ocultan bajo la velaria blanca como una señal de misterio.


Una reducida flotilla de trabajadores da mantenimiento al terreno de juego para su conservación. El viento ha encontrado tope en las butacas.


Las luces se han apagado por casi un año, incluso una lámpara está en los pasillos. Las bardas de los jardines del campo están retiradas por ahora. Esa minicarpa blanca que dio sombra en la pretemporada pasada, junto a uno de los dogouts, sin duda genera recuerdos...


El ambiente local, por ahora está en modo “mute (mudo)”. Las bocinas donde se enciende la fiesta beisbolera están protegidas con su respectiva funda.


Comienza a caer el atardecer y con ello se enfatiza la incógnita y al mismo tiempo la esperanza viva de que en este 2021 puedan volver las acciones del llamado “rey de los deportes”.


Y que a finales de mayo arranque la temporada de la Liga Mexicana de Beisbol (LMB), y que a mediados de abril empiece a escucharse esa bella “sinfonía” beisbolera del impacto de la pelota con los guantes de cátchers y con los bats, en la práctica de bateo en pretemporada.

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