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Sin límites…

Foto(s): Cortesía
Redacción

Sin barreras. Sin límites. Sin miedos. Los Juegos Paralímpicos de Río 2016 se presentan al mundo a toda velocidad, con un espectacular salto acrobático realizado en silla de ruedas por Aaron Wheelz a través de una rampa de 17 metros ante la mirada atónita de todos los espectadores de Maracaná.


Tras el salto vino la pausa, y con ella los ritmos de samba y la rueda, elemento central para muchos paralímpicos, una rueda que sirve de engranaje colorista y creativo donde todos los sueños son posibles. La rueda ayuda a muchos a desplazarse y hace que se rompan los límites y las barreras.


Y de la rueda, al agua. En unos segundos el estadio se convirtió en una gigantesca piscina y Daniel Dias, mito del deporte internacional, la cruza nadando. Y de la piscina a la playa, una playa carioca donde caben todos, desde el vendedor de mate hasta los bañistas, un espacio abierto y vital donde todo es posible. La playa cumple también el papel de liberador social, la gente sale con la tabla de la oficina para hacer surf u otro tipo de deportes. Una gran batucada nos enseña una playa alegre y colorista, un espacio donde disfrutar sin importar las barreras.


Y la bandera de Río daba paso a los atletas, la parte más emocionante de la ceremonia, que se iniciaba con el equipo de refugiados, un momento muy emotivo y que contó con el aplauso y el cariño del público reunido en Maracaná. Poco a poco iban desfilando los distintos países con sus atletas que llevaban una sonrisa dibujada en sus caras fruto de la emoción del momento.


Una visión futurista del deporte


Aparecía después un ojo gigantesco en el centro del estadio, un ojo que iluminaba todo el rectángulo y que nos invita a experimentar con otros sentidos. Un gran espectáculo de luz y colorido que rompía con la primera parte de la ceremonia y viraba hacia toques futuristas. Un caleidoscopio cobraba protagonismo en el tapiz central a través de una perfecta y cuidada coreografía.


Y se acercaba el momento cumbre, como es la llegada de la antorcha paralímpica cuyo último relevista fue el nadador Clodoaldo Silva y el cielo de Río lloraba de emoción para acompañar el encendido del pebetero olímpico que estaba situado en los alto de unas escaleras que el deportista paralímpico sorteó subiendo a través de una rampa.


La lluvia ponía más dificultades en el intento pero no hay nada imposible cuando existe la determinación y las ganas de superar todas las barreras.

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