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Joven mixe alcanza su sueño académico en universidad de Monterrey

Foto(s): Cortesía
Agencia Reforma

MONTERREY, NL,24-May .- El 7 de junio, cuando Elisa Felipe Cristóbal reciba su título de licenciada en administración de empresas se convertirá en una nueva profesionista, pero también en la primera joven mixe en graduarse de la UDEM.


Originaria de Asunción Cacalotepec, comunidad indígena de unos 2 mil habitantes al norte de Oaxaca, esta joven de 24 años enfrentó, como muchos universitarios, retos económicos y presiones académicas.


Pero también tuvo el desafío de integrarse a una sociedad con un estilo de vida distinto al suyo, en el que llegó a sentirse excluida, recuerda.


Fue una beca de la Fundación Harp Helú la que le permitió estudiar en la UDEM. Al detectar que necesitaba de apoyo psicológico, psiquiátrico y pedagógico, la misma universidad se lo ofreció, una oportunidad que ella aprovechó.


"De mi comunidad, creo que ha habido mucha gente que se ha podido superar", reconoce Elisa. "Pero sí soy la primera en graduarme en una universidad como la UDEM y con una beca de Fundación Harp Helú".


CAMBIO RADICAL


Hija de Mateo Felipe y de Cecilia Cristóbal, de 69 y 65 años, respectivamente, dedicados al cultivo y venta de café, maíz y frijol en Oaxaca, Elisa dejó su hogar a los 11 años para irse a estudiar a un internado salesiano cerca de su comunidad.


Al terminar la secundaria, las maestras vieron en ella el potencial para animarla a viajar a Monterrey y seguir la preparatoria en el Colegio Excélsior, de la familia salesiana.


"Me encantó la idea, sabía un poco de la calidad de educación en Monterrey, pero en ese entonces la motivación era '¡wow, voy a viajar a otra ciudad, a vivir en otro lado'!".


En el 2008 llegó a Monterrey. El cambio, recuerda, fue radical.


"A pesar de que estamos en el mismo País, de que todos somos mexicanos, fue un shock muy grande", recuerda.


"Una ciudad industrial, el ruido, los carros, fábricas, edificios, para mí todo eso era nuevo".


El impacto mayor fue en los primeros años de prepa, indica.


"Al principio, discriminación. Te miraban raro, murmuraban a tus espaldas, era notorio, cuando decían 'hagan equipos', nadie hacía conmigo, era muy difícil".



El esfuerzo de sus maestras por lograr su integración fue esencial, recuerda Elisa, para superar estos primeros obstáculos.


UNA PAUSA EN OAXACA


Casi al terminar la prepa, alguien le habló de becas en la UDEM, una universidad de la que Elisa no sabía mucho. Le decían que era muy buena escuela y de ricos, señala.


Después de aprobar su proceso de admisión, la Fundación Harp Helú le ofreció el 90 por ciento de beca en la UDEM. Ella tenía que pagar el 10 por ciento restante, una cifra aún complicada para su familia.


"Mi papá dijo, 'no importa cómo le vamos a hacer, tú échale ganas y lo consigo, yo me comprometo a pagarte la escuela si tú le echas ganas'".


Y así comenzó a estudiar una ingeniería.


Pero tras dos semestres con bajas calificaciones y al notar los apuros económicos de sus padres en Oaxaca, además de un sentimiento de exclusión social, Elisa entró en un estado de depresión.


La UDEM le dio apoyo psiquiátrico y un permiso para ausentarse durante un semestre que ella aprovechó para viajar a Asunción Cacalotepec para estar con sus padres. Tenía dos años sin verlos.


Fue una pausa de un semestre que le sirvió para recobrar fuerzas y llenarse de entusiasmo para retomar la universidad, ahora con otra actitud.


VIAJE A ALEMANIA


También consiguió una beca de la Comisión Europea para irse de intercambio un año a la Universidad Politécnica de Valencia y aprovechó para conocer otros países.


En Alemania vio alebrijes y mezcal oaxaqueños que se vendían a precios muy altos.


De ahí que hoy sus planes sean conseguir una beca para estudiar inglés, regresar,buscar trabajo, y emprender un negocio social. Claro, en Oaxaca.

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