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Saqueo criminal, el saldo del comercio en Oaxaca

Foto(s): Cortesía
Redacción

Oaxaca.- Las acciones vandálicas perpetradas durante la noche del domingo y la madrugada de ayer lunes, prácticamente significaron el golpe mortal a propietarios de establecimientos comerciales ubicados en el primer cuadro de la capital oaxaqueña.


Las acciones, que fueron desde la quema de autobuses del servicio urbano hasta el saqueo descarado de establecimientos comerciales, provocaron el llanto y angustia tanto de empresarios como de empleados que veían que el fuego acababa con sus fuentes de empleo.


Prenden fuego a autobuses


En la supercarretera Oaxaca-Cuacnopalan, la propietaria de uno de los camiones del servicio urbano de la capital oaxaqueña no soportó la impotencia y soltó en llanto al confirmar que su unidad de motor había sido consumida por el fuego, luego de que pandilleros acabaran con instalaciones de Caminos y Puentes Federales (Capufe) en la caseta de cobro de San Pablo Huitzo, Etla.


Mientras que en la calle de Tinoco y Palacios, encapuchados se dedicaron a secuestrar camiones del servicio urbano para colocarlos como barricadas; lo que provocó que el conductor de una de las unidades también llorara como un niño al mismo tiempo que suplicaba que no le prendieran fuego al camión que resultaba ser su única fuente de empleo.


"Obscura" complicidad


Se desconoce de quién fue la "brillante idea" de cortar el fluido eléctrico en las calles aledañas al zócalo de la capital, lo que provocó que los pandilleros y comerciantes ahí aglutinados decidieran hacer de las suyas e iniciaran el saqueo indiscriminado de establecimientos comerciales.


Aprovechando que los elementos de la Policía Municipal suspendieron el patrullaje, los "amantes de lo ajeno" se armaron de tubos, martillos y otras herramientas pesadas con las que se dieron a la tarea de forzar las cortinas de acero de tiendas de autoservicio, de ropa y de otros insumos.


A merced de los delincuentes


Tal vez por el miedo a sufrir alguna agresión o que se mancharan sus uniformes, los policías municipales decidieron permanecer encerrados en su cuartel, mientras la ciudadanía quedaba a merced de la delincuencia.


Al tratar de iniciar sus labores, los comerciantes descubrieron los cuantiosos daños y la rapiña, y casi al mismo tiempo descubrían que viciosos empedernidos o pandilleros lucían calzado y prendas de vestir nuevas.


Además, hacían alarde de contar con billetes de 200 o 500 pesos que a los mismos comerciantes pedían que les cambiaran.

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