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Llora la muerte de su hijo policía, sucedida hace 21 años

Foto(s): Cortesía
Esteban Marcial

Su rostro entristece; las lágrimas brotan al mismo tiempo. Han pasado 21 años y la herida no cierra.


Doña Caritina Cruz Rodríguez recuerda como si fuera ayer, el momento en que su hijo Juan Bernardino se despidió de ella, el 29 de enero de 1996, para iniciar su jornada de trabajo como motopatrullero de la Policía Municipal de Oaxaca de Juárez.


En su rostro refleja dolor al recordar con precisión ese día: “Mi Juanito ya estaba en la puerta, regresó y me pidió que cuidara de su papá (quien en esos tiempos pertenecía al Ejército Mexicano Y se encontraba comisionado en la partida de Santiago Juxtlahuaca). Cuidas mucho a mi hermana y mi hermanito menor, yo ya me voy”, dijo, al mismo tiempo que se acomodó su casco y salió corriendo para subir a su motocicleta y trasladarse a su cuartel ubicado en la primera calle de Morelos.


El 29 de enero de 1996 es considerado un día de luto en la policía municipal de Oaxaca de Juárez.



Ese día se recuerda a los policías Juan Bernardino Hernández Cruz y Ricardo Hernández Poblete, quienes murieron en el cumplimiento del deber al tratar de evitar el asalto a un banco en la zona del mercado de abasto.


Día sangriento




Juan Bernardino Hernández Cruz murió en el cumplimiento del deber hace 21 años.

Poco antes del mediodía de ese 29 de enero de 1996, una banda de asaltantes llegó al banco Serfin, ubicado junto a la tienda Tepepan, que se ubicaba sobre Periférico y prolongación de Valerio Trujano.


Sin saber que ahí perdería la vida, Juan Bernardino dijo a su madre que no se preocupara, que su jornada de trabajo terminaría “sin novedad”.


Los asaltantes habían ingresado al banco, ya tenían sometidos a empleados y clientes.


En ese momento, uno de los empleados accionó la alarma, cuya señal llegó a la cabina de la Policía Municipal de Oaxaca de Juárez.


La llamada fue recibida por la radio operadora Aracely Montaño Pérez —también ya fallecida—, quien alertó a sus compañeros sobre el asalto.


La mujer, con muchos años de experiencia, pidió a sus compañeros que tomaran todas las medidas de precaución.


Era un lunes, y durante la semana anterior, la alarma del banco se había accionado accidentalmente, por lo que se presume que los agentes pensaron que se trataba de otra falsa alarma.


El ataque


En sus potentes motocicletas Yamaha DT 125, el recién estrenado escuadrón motorizado de la Policía Municipal fue el primero en arribar al banco.


Montaron su cerco de seguridad y al notar que el reporte era “afirmativo”, pidieron a los asaltantes que depusieran sus armas y se entregaran.


Los policías Ricardo y Juan Bernardino tomaron unan posición estratégica y se parapetaron cerca de una caseta metálica donde se distribuían periódicos; otros se colocaron en el otro extremo, pegados a la avenida Central.


Mientras los asaltantes deponían sus armas y se acercaban a la puerta, testigos dijeron que al lugar arribó una Suburban color oscuro que se acercó al banco por la prolongación de Valerio Trujano, cuyos ocupantes sorprendieron a los policías Juan Bernardino y Ricardo, ya que les dispararon por la espalda, por lo cual cayeron heridos y murieron minutos después.


Sus compañeros repelieron la agresión, pero no lograron detener a los asaltantes, ya que también resultaron con lesiones graves.


Esto fue aprovechado por los asaltantes, que lograron escapar con dirección a la agencia de San Martín Mexicápam.


Capturan a la banda


Al siguiente día, la misma banda tomó por asalto el banco Banamex ubicado en el centro de Tlacolula de Matamoros, donde también murió una persona y se registró un enfrentamiento con la policía estatal, logrando la detención de al menos dos asaltantes.


Otros más fueron detenidos en la capital del estado cuando llegaban a la casa de seguridad que tenían en la colonia Las Flores, de Santa Lucía del Camino, a donde acordaron reunirse luego del asalto.


Una herida que no cierra




Monumento a los policías caídos en el cumplimiento del deber, en el cuartel de la Policía Municipal.

Al igual que su esposa, Juan Hernández Diego recuerda la muerte de su hijo.


“Yo era integrante del Ejército Mexicano; el domingo en la noche me fui a la partida de Santiago Juxtlahauaca, ese día me despedí de él, pero el lunes como a las 2 de la tarde me llegó la noticia de su muerte; mis superiores me dieron permiso de regresar y llegué como a las 11 de la noche, para despedir a Juanito”, cuenta.


Ambos recuerdan a Juan Bernardino como un joven ejemplar, pues a los 15 años decidió ingresar al Ejército Mexicano, donde cumplió con sus tres años de servicio, tiempo en el que también se dedicó a aprender el oficio de su padre: la fotografía.


Además, empezó con su gusto por la música, por lo cual compró un pequeño teclado y se la pasaba tocando en sus ratos libres.


“Desde esa edad tenía la ilusión de formar un grupo musical, por eso le puso muchas ganas y aprendió a tocar muy bien, pero decidió viajar a los Estados Unidos para poder juntar dinero y comprar sus instrumentos musicales”, contó su madre.


Al cabo de un año, regresó y fue entonces que empezó a buscar trabajo, ya que decidió no retornar al Ejército, para dedicarse a la música.


“Salía a buscar trabajo, hasta que un día me contó que ya había pasado todos los exámenes y lo habían aceptado en la Policía Municipal de Oaxaca de Juárez, ya que integraría el grupo de motopatrullas”.


Juan Bernardino trabajó un año con 4 meses en la corporación, hasta que las balas de los asaltantes le quitaron la vida.


Perdonó a los responsables


Entre llanto, la madre de Juan dice que cuando realizaba los preparativos por el 11 aniversario de su muerte, tuvo un sueño donde se le apareció su hijo junto con Ricardo, quienes le pidieron que perdonara a las personas que le habían quitado la vida, porque ellos estaban en un lugar mejor.


“En mi sueño, vi a los dos que se aparecieron en la explanada del templo de La Soledad; sus rostros brillaban al igual que la estrella que portaban en el pecho, me pidieron que perdonara a los responsables, porque ellos ya estaban en paz”, cuenta.



Al despertar, dice doña Caritina, acudió al templo donde preparaba la misa y contó al sacerdote, quien le dijo que era lo mejor, perdonar a quienes habían atentado contra la vida de su hijo.


Reza por todos los policías


En la actualidad, una hermana de Juan Bernardino y su esposo integran la Policía Municipal de Oaxaca de Juárez.


Por ello, doña Caritina reza todos los días no sólo por su hija y su yerno, sino por todos los integrantes de la policía.


“Desde que mi hijo entró a la policía, todos los días le pedía yo a Dios por él, que me lo cuidara y regresara con bien. Hoy, que ya no está físicamente con nosotros, le pido también a él que cuide de su hermana y de todos los policías, porque corren mucho peligro durante su jornada de trabajo”.


Inolvidable


29 de enero de 1996, fecha del doble crimen


1 año 4 meses laboró Juan Bernardino como policía


20 años de edad tenía al fallecer


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