Se dejan ver por distintas calles aledañas al Mercado de Abasto y en los intestinos del mismo centro comercial, atentos a lo que hacen los clientes, proveedores, cobradores, locatarios, para que, en un momento dado, hacerse de los valores de quien tiene la mala fortuna de ser su víctima.
Son conocidos por sus apodos la Chupitos, el Norteño, la Muñeca, el Guapo, el Cantinflas, la Maruca, la Chabela, el Solitario, el Coco, el Abuelo, el Catrín, el Cejas, el Guasón, la Piña, el Afilador, la Bruja y la Diabla.
También: la Gorda, la Estela, don Sam, el Trompas, el Pelos, el Marrano, las Hijas de la Serrana, la Serrana, la cual está perdiendo batalla ante la presencia de la Morena, la cual después de unas merecidas vacaciones en Puerto Escondido, regresó a la capital a seguir haciendo de las suyas.
Con edades de 19 a 60 años, todos dedicados a robar celulares, carteras, bolsos, entre otros artículos, se hacen presentes cada día para llevar a sus hogares, el fruto robado con el sudor de su frente.
Juan Carlos, uno de los que dice es uno de sus clientes frecuentes, lamentó que cada día sea imposible circular por las calles aledañas al mercado en cuestión, “no sabemos en qué momento vamos hacer presa de esos delincuentes, porque ni bien uno se descuida, aparecen y desaparecen como por arte de magia”.
Indicó que en lo que va del año, ya dieron cuenta de su celular, y en dos ocasiones de sus carteras, “son de lo más fino que existe para hacerse de las pertenencias de los demás, y lo peor, es más el tiempo que invierten los policías en detenerlos y hacer su parte informativo en que ellos salen en libertad”.
“La primera vez, denuncie y esperé con la esperanza de que me devolvieran mi celular, no por el valor del mismo, sino por los números de mis clientes y amigos, pero nunca me hablaron para decirme cómo van las investigaciones, ya vamos para tres meses y no hay nada aún”,dijo.
Enfundado en sus pantalones de mezclilla, botas vaqueras, camisa a cuadros, cinturón piteado, para dominguear, destacó “aquí no puedes pasar bien vestido porque te ponen el dedo, ni bien pasas una o dos cuadras cuando ya están sobre de ti y si te descuidas, ¡Sobres! te encapsulan en cuestión de segundos y adiós lo que traigas en la mano o dentro del pantalón, ni los sientes”.
Recomendó a las personas que acudan a este centro comercial, pero acompañados, “los comerciantes no tienen la culpa que este tipo de personas quieran hacer de las suyas, es más, algunos hasta contrataron seguridad privada para que los clientes acudan, porque la verdad, los precios son justos y los productos de calidad”.
El paso de un limpiaparabrisas, con el rostro tatuado terminó la plática, el temor de un cuarto asalto, hizo que el entrevistado siguiera su camino...en tanto, la Central de Abasto, se sigue llenando de asaltantes.
