El viento es cálido y el hablar es pausado; el que conversa y de manera íntima comparte, es el artista mixteco José Luis García. Su voz es suave, la jornada de trabajo ha sido intensa, no es menuda la hazaña que está por concluir; la producción en el taller le ha tomado meses de entrega a lo que más ama. No lo duda, su mirada revela satisfacción. El ceramista está por cumplir un sueño: abrir su galería en la Ciudad de México.
"Levanto mis esculturas en barro, siento texturas y admiro los matices en mi pintura, que surgen al contacto con esos elementos. No me puedo conformar con solo tocar el barro; busco conversar, acariciar, frotar, sentir su humedad, recurro a la tierra para hacerle huellas y transcribir sobre ella llevándola hasta sus límites".
La faena implica disponerse a los elementos, a la alquimia que le depara lo que escogió como su tributo a la existencia. Es un ser universal que conversa con la tierra, danza con el fuego, fluye con el agua y dialoga con el aire.
"Mi mano recorre lejanías, cuyo arte ha sido enseñado por uno lejano. Ellos contienen significados simbólicos conocidos, antiguos y contemporáneos. La visión en mi trabajo, hoy debe verse en el pasado y en el presente".
La técnica que creó es única. FOTO: Carina Pérez
José Luis trata de conjugar metáfora y unidad en un diálogo en el tiempo y en el espacio; entonces, con claridad se da cuenta que está tratando con algo tan complejo y plural como una introspección en su alma y la materia primigenia desde una perspectiva que comprende forma, volumen, color, textura, composición.
"Existe en esta obra un trabajo preparatorio que es invisible y silencioso y sin embargo es muy… muy intenso, con un posicionamiento ético, estético. Al final es un ejercicio con tierra, fuego, aire, agua, humo y ceniza. Todos juntos y cada uno en su momento, hacen presente lo ausente. Es como un escape para estar conmigo y encontrar esta postura entre materia, metáfora y memoria".
El resultado es una dualidad, él lo sabe en su espíritu, es la mirada y la contemplación del espectador o la de él. La fuerza que lo motiva y lo levanta es la creadora, la energía que destina y ofrenda al compartir y al hacerlo compartirse con el mundo, con los otros que es el mismo.
Las reminiscencias le vienen de golpe y susurra: "Así, el barro es el material que recuerda a los pobres, en el encuentro que es resistente y frágil como yo. Como tu cuerpo. Mi obra la levanto del suelo para alcanzar en un muro blanco la luz. No me puedo conformar con solo eso, con todo eso que es de tierra; quiero contribuir con mi trabajo a que el mundo sea más amable".
