Oaxaca de Juárez. Desde hace tres generaciones la familia de Jośe Antonio Manzanero Martínez confecciona trajes para vestir a los Niños Dios, tradición del 2 de febrero Día de la Candelaria.
Durante todo el año de 8:30 de la mañana a 2:00 de la tarde trabaja en su taller para elaborar en promedio mil 500 trajes que habrán de venderse antes de la fecha indicada.
Jośe Antonio decidió hace 18 años continuar el negocio familiar, estudió Contaduría y tiene un posgrado de Derecho Fiscal, sin embargo el gusto por las tradiciones de Oaxaca lo motivó para elaborar estos vestidos.
Desde pequeño ayudaba a su madre a cortar la tela o clasificar el material, aunque no estudió corte y confección su conocimiento en el área es empírico.
Así aprendió que en Oaxaca los ocho tamaños más comunes de Niños Dios son de 12, 18, 20, 25, 30 35, 40 y 45 centímetros, aunque en ocasiones ha elaborado prendas para figuras de 3 y hasta 80 centímetros.
Incluso relata que la manera correcta para tomar las medidas es tomar la figura acostada boca arriba y comenzar con el metro desde el hombro hasta el pie más largo para que le quede bien el trajecito.
José Antonio asegura que los artesanos de figuras del Niño Dios lo miden desde la cabeza a los pies, pero que los trajes deben medirse desde el hombro al pie”.
En otros establecimientos que ofrecen vestir al Santo Niño las medias son tomadas a la inversa, “lo miden por la espalda y eso le resta un par de centímetros y el traje que piden no les queda”.
Además el colocarlo boca abajo puede romper los dedos.
Para confeccionar una indumentaria José Antonio puede invertir desde 15 minutos, una vez tomadas sus medidas, comprado y marcado el material; sin embargo un trabajo especial le puede llevar hasta tres horas.
Pese a los constantes incrementos que registra materiales como listones, hilos, telas y el alza en la luz eléctrica, los precios de venta de sus trajes no han cambiado en los últimos tres años “el más pequeño en 160 pesos, el más grande en 370, pero incluye todos los accesorios”.
Básicamente el vestuario de un Niño Dios se complementa con una corona, zapatos, tobilleras, vela y paloma, aunque depende del modelo.
Por más de 100 años su familia mantiene en el mercado Benito Juárez un local comercial, en donde venden los vestuarios pero que ahora es atendido por su hermano.
El 90 por ciento de lo que venden es fabricado en su taller, sólo el 10 por ciento es exportado de la Ciudad de México, lugar donde también compra su material.
Toda vez que en la capital existen un gran número de comercios que ofrecen vestidos para el Niños Dios, la mayoría revende modelos fabricados en industrias de Puebla o Michoacán lo que incrementa el costo, “hay diferencia de 50 o 100 pesos de negocio a negocio y son los mismos trajes” detalló.
De acuerdo a la fe católica cada año es costumbre cambiar de ropa al Niño Dios, ya sea mediante un padrino que se compromete a adquirir el vestuario durante tres años consecutivos, o de manera personal.
