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VIDEO| Putla Villa de Guerrero, Oaxaca ¡Un carnaval único!

Foto(s): Cortesía
Redacción

PUTLA VILLA DE GUERRERO, Oaxaca.- Los ocho barrios viejos de la cabecera putleca están en cuenta regresiva para celebrar el carnaval previo a la Cuaresma, jolgorio con una historia de más de un siglo que muestra las alegorías de la estructura económica de hacendados, capataces y peones y el júbilo de las danzas mestizas que adoptó la población con el paso del tiempo.







Las pequeñas calles del centro de Putla, el jardín municipal y la plazuela Hidalgo son los espacios donde se acostumbra ver la gran convocatoria que tiene este carnaval en la sierra sur oaxaqueña, donde los habitantes conviven en una multiculturalidad: triquis oriundos de la nación Copala, comerciantes provenientes de la costa o mixtecos de las comunidades gélidas de Tlaxiaco.



Esta diversidad se puede apreciar con las tres comparsas que inician sus festejos tres semanas antes al primer día de la Cuaresma, previo al Miércoles de Ceniza: Los viejos tiliches, la comparsa de Copalas y Las mascaritas, cada una narra con algarabía sus orígenes en el pueblo putleco.


El cronista de Putla Villa de Guerrero, José Ángel Miguel Ramírez Méndez comentó a NOTICIAS Voz e Imagen de Oaxaca los antecedentes, las anécdotas y alegorías que cada comparsa representa al momento de salir a las calles del 9 al 13 de febrero, los días más intensos del carnaval.



Elegancia enmascarada


"En 1918 ya se bailaba la danza del macho o mascaritas, venía de la Mixteca alta (como Santiago Juxtlahuaca), las familias trajeron esa tradición a Putla", el cronista de 75 años mencionó que esta danza surge como una parodia del pueblo hacia los bailes de salón de Maximiliano de Habsburgo.


Los participantes en esta comparsa usan prendas de lujo y máscaras que tienen el tono de piel caucásico, "fue traÍda por arrieros que habitaron aquí y trajeron sus juegos de carnaval", Ramírez Méndez precisó que estas parodias datan del siglo XIX con motivo de celebrar la liberación francesa -aquí el vals se hace son.




Por otra parte la variante de la danza del macho, retrata la pedida de mano de un peón a la hija del hacendado, el bailable retrata todo el proceso hasta la consumación del matrimonio.


Los tiliches


"Nace a finales del siglo XIX y muestra la estructura de los trabajadores, las situaciones del peón sufrido, mal vestido, con prendas rotas y que a veces por necesidad tiene que cometer actos ilícitos", es la descripción que hace José Ramírez de los viejos tiliches, hombres que portan trajes de hasta 15 kilos, tupidos con tiras y parches que mínimo miden 40 centímetros.



El vestuario de los tiliches en un inicio fueron ropas roídas, deshilachadas, desgastadas por el tiempo en el jornal, después se fueron parchando los trajes y los volvieron más coloridos con las tiras de tela, "los jarabes y chilenas mixtecas y costeñas obligaron a darles más movimiento en el traje".



"El martes del carnaval se representa el robo del dinero, este evento muestra como el hacendado perdió un toro, el cual fue robado por un peón que lo escondió en una huamilera, el capataz para sacarles la verdad a sus trabajadores les invitó tepache -la bebida del carnaval- cuando los emborrachó, confesó el ladrón, lo trajo y le dieron una felpiza", indicó sobre una danza de los tiliches.


Nación Copala


Ramírez Méndez concluyó que la tercera comparsa corresponde a los de Copala, la cual nació por las herrerías situadas en la calle Oaxaca del barrio del Centro, donde indígenas de la nación triqui alojaban a sus parientes e incluso traían a sus difuntos a la población para enterrarlos.


"En el camino dejaron los instrumentos con los que acompañaban al cadáver al panteón; un domingo antes que se acercara el carnaval, los herreros se echaban sus copas y ejecutaban los instrumentos que dejaron los auténticos Copala, se pintaban con el hollín de las brazas, un huipil triqui, máscaras, sombreros deshilachados y sólo bailaban en las dos cuadras de la avenida Oaxaca", relató el cronista.




La calle de Quintana Roo, en el barrio de la Cureña, también es otro punto donde surgió la comparsa en la que portan la elegancia de la vestimenta indígena, tres camisas de satín, verde, amarilla, azul o roja, calzón de manta, huaraches y bailan ritmos como el Pico real, la Flor de tuyu o la de Hierba santa.


Bailan los jóvenes


"La fuerza del carnaval cada vez es más intensa, las nuevas generaciones aprenden a amar más el carvanal que en el pasado, la iniciativa de que los padres muestren la tradición a sus hijos desde pequeños permite que cada vez haya más difusión y más trabajo", comenta Rosaura Montesinos Hernández, quien desde hace 13 años ha elaborado los viejos tiliches.



Para este 2018 la mujer putleca realizó cinco trajes y tiene apartados otros cinco trabajos para el carnaval, los precios de la elaboración van de los 900 hasta los mil 500 pesos, entre ellos destacan unos pequeños que están encargados para una pequeña de cuatro años.

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