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Tronos, la tercera jerarquía angélica

Foto(s): Cortesía
Redacción

Ellos habitan el quinto cielo, donde se empieza a manifestar la forma y la substancia; ahí es donde el cielo se junta con la tierra y comienza la materia; son los Tronos otra de las jerarquías angélicas cuyas virtudes son la disciplina, la constancia, la fidelidad; su vibración es de justicia y equilibrio; su labor consiste en ver que las decisiones de Dios se plasmen.


Ellos representan a seres de altísima frecuencia que determinan la emanación del ser humano cuando se entrega a Dios en contemplación, amor y devoción; no participan en conflictos humanos; es muy complicado para el ser humano comprender la vibración y clasificación de las jerarquías angélicas, pero los Tronos son los más difíciles de entender, ya que algunos autores los describen como querubines, y algunos como las ruedas de la carroza de Dios; pero en la información sobre los ángeles también se encuentra simbología que necesita interpretación; algunos autores dicen que los querubines son los conductores de la carroza de Dios y los Ofanim la carroza; las ruedas que soportan el Trono representan los planetas que orbitan alrededor del sol y la carroza representa el sistema solar.


Pero para simplificar un poco, diré que los Serafines emanan del pensamiento de amor de Dios, los Querubines plasman su vibración de sabiduría divina, y los Tronos materializan la sustancia que forma el mundo donde Dios manifiesta su obra.


En Colosenses 1:16 se hace mención de ellos, “pues en Él fueron creadas todas las cosas en los cielos y en la tierra, las visibles y las invisibles, sean tronos, sean Dominaciones, sean Principados, sean Potestades, todas las cosas fueron creadas por Él mismo y en atención a Él mismo”.


En Ezequiel 1:14/19: “Y entre estas criaturas vivientes resplandecía el Fuego, del que salían relámpagos, y los seres vivientes iban y venían como rayo. Y mientras estaba yo mirando los seres vivientes, apareció una rueda sobre la tierra, junto a ellos, junto a los cuatro. Y las ruedas y la materia de ellas era la vista como crisolito, y los cuatro eran semejantes y su forma y su estructura eran como una rueda que está dentro de otra rueda, caminaban constantemente por sus cuatro lados, y no se volvían cuando andaban; así mismo, las ruedas tenían tal circunferencia y altura, que causaban espanto al verlas y toda la circunferencia de las cuatro estaban llenas de ojos por todas partes, y caminando los seres vivientes, andaban igualmente también del mismo modo las ruedas con ellos. A cualquiera parte donde iba el espíritu, allá se dirigían también en pos de Él, las ruedas, porque habían en las ruedas espíritu de vida”.


Debido a esta representación como ruedas que forman el Trono de Dios y porque es a partir de este coro celestial que la substancia se empieza a materializar, a veces se le define como espirales que giran, simbolizando que ellos construyen los vehículos donde se alberga el alma; ellos también son los guardianes de los planetas, pues cada planeta es un trono de Dios, y también son guardianes del corazón del hombre, pues el corazón también se identifica como el Trono de Dios.

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