Desde el inicio de la Semana Santa, todo cambia en nuestra ciudad; parece que alguien ha esparcido algún polvo mágico que hace que todo se vuelva gris. A partir del Jueves Santo, todos en casa debemos hacer el menor ruido posible y comportarnos de la mejor manera. Las estaciones de radio únicamente trasmiten música clásica y en las calles casi no hay gente. No se escucha el tañer de las campanas, que son sustituidas por unas enormes matracas con las que se llama a los Oficios del día.
Hoy, Viernes Santo por la tarde, en las iglesias, se realiza la ceremonia del Descendimiento y en la calle se observan personas acercarse para asistir a ella, caminan presurosas, en silencio y con la mirada baja. Mi nana, como cada año, se prepara para presenciarlo. De su baúl saca un vestido gris que guarda para este día, mandil blanco y almidonado, y su inseparable rebozo negro. Se viste presurosa, al salir se deja abrazar por su rebozo y con pasos elegantes y coquetos se dirige a la iglesia. Le gusta llegar temprano para escoger el mejor lugar hasta adelante y tener así la mejor vista.
Yo espero ansiosa su regreso. Cuando entra a la casa, la abrazo y le digo:
-Nana, cuéntame, ¿cómo es el Descendimiento?
-Nenecita, ya te lo conté varias veces.
-Sí, pero ya se me olvidó.
Mientras atravesamos el patio, se quita su rebozo, lo dobla cuidadosamente y al llegar a su cuarto lo guarda en su baúl. Enseguida, se sienta, y conmigo a su lado, comienza a contar:
-Mira, en el centro del altar hay una gran cruz con el Cristo crucificado, en la parte de atrás han colocado, recargadas, dos escaleras, por las que subirán unos señores con túnicas blancas, amarradas a la cintura con un cordel también blanco. A ellos les dicen los Santos Varones y serán los encargados de seguir las indicaciones del sacerdote para bajar al Cristo de la Cruz.
Conforme mi nana avanza con el relato yo imagino claramente la escena y la apuro para que continúe:
-¿Qué más, nana, qué más?
-Ya voy, nenecita, ya voy.
-Cuando los Santos Varones están ya sobre las escaleras, el sacerdote empieza a decir: “Santos Varones, quiten el clavo de la mano derecha y bajen el brazo”, ellos con mucho cuidado lo bajan y esperan que el sacerdote diga lo mismo para la mano y el brazo izquierdo.
Yo, le digo a mi nana que el Cristo se va a caer, pero ella me comenta que hay una sábana que lo sostiene bajo sus brazos y a la que los Santos Varones van deslizando conforme el Cristo baja. Al quitar el clavo que sostiene los pies, los Santos Varones con mucho cuidado lo reciben y lo acuestan al pie de la cruz. Mi nana ya no recuerda si el Cristo se queda ahí y cuánto tiempo, yo creo que ella está dormida y no se da cuenta. Al finalizar su narración me dice:
-Ahora sí, nenecita, ya terminé- me acaricia, yo la abrazo y se va a sus deberes.
Nosotros no asistimos al Descendimiento, pero sí a la ceremonia del Pésame que se realiza en el atrio de la iglesia de la Soledad. Antes de salir de casa, mamá nos recomienda no soltarnos de las manos y permanecer junto a ellos, ya que asiste mucha gente y podríamos perdernos.
