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Reviven tradición de flor de muerto

Foto(s): Cortesía
Nadia Altamirano Díaz

No se conocen, pero tanto Luciano Aquino Cortés como Nicolás Ramos Daniel llevan ocho décadas de vida y son de los pocos productores de Valles Centrales que se niegan a permitir que se muera la siembra de las flores de cempasúchil y cresta de gallo. 


En San Pablo Huixtepec, de donde es originario, Luciano comenzó hace 20 años a sembrar flor de muerto. “Antes plantaba más harto”, dice con la nostalgia impregnada en sus palabras.


Su mirada cambia cuando mira el cuarto de hectárea que sembró con cresta de gallo o borla, una flor que cosecha una vez al año para venderla entre finales de octubre y principios de noviembre, cuando la población acude al panteón a adornar las tumbas de sus familiares.


En otro cuarto de hectárea tiene cempasúchil. En ambos empleó a ocho mozos (250 pesos por jornada), la misma cantidad que utilizará en el corte porque en su familia nadie más que él, tiene aún el amor y la valentía de dedicarse a esta siembra.


La cosecha la venderá a partir del 30 de octubre afuera del panteón para recibir 20 o 30 pesos por manojo de flores, “depende cómo acepte la gente”.


A lo mucho, Luciano y otros nueve productores son todos lo que en ese municipio del Valle de Zimatlán siembran flores para las festividades de muertos.


Su hijo Reginaldo Aquino se acuerda que antes la cosecha la llevaban a la Central de Abasto, "cuando mi papá sembraba más", pero la falta de lluvia les trae pérdidas que aminoran los ánimos de los productores.


Eso lo entiende bien Nicolás Ramos Daniel, un campesino que vive al otro extremo de ese Valle, en el de Etla, donde es el único productor de flor de muerto en el municipio de Magdalena Apasco.


Como Luciano, Nicolás logró que la flor esté en pie, lista para cortarse, gracias al sistema de riego, porque el agua de lluvia no hubiera alcanzado.


Siembra por tradición y “para pasarla”, en ese municipio no hay manera de emplearse, salvo en la maquiladora que paga sueldos raquíticos y el campo “está arruinado” a falta de apoyos.


“Las autoridades no promueven nada para el campesino. Una planta requiere deshierbar, orejera (abrir más ancho el surco) y el agua que hacemos llegar con riego, pero el recibo de luz (por la energía electríca para bombear agua del pozo) nos llega muy caro”, de mil pesos por mes, “apenas alcanza para un riego pasajero” porque no hay humedad.


Como Nicolás quería una buena cosecha, tuvo que invertir diez mil pesos de sus propios recursos, aprovechar el apoyo de sus hijos, hija y familiares.


El corte se espera después del 28 de octubre y entonces vendrá otro factor en contra, la oferta y la demanda de un libre mercado. Si vende lo cortado cada día, al final la ganancia podría ser de tres mil pesos.

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