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Presentan a Juan Diegos y Lupitas en Oaxaca; crecer en la fe

Foto(s): Cortesía
Nadia Altamirano Díaz

Cuando recuerda que su sobrino Aslan sobrevivió a una explosión en su casa en septiembre de 2017, la fe en Leonor Ruiz se materializa, pero también se le quiebra la voz, respira y su temple se vuelve contemplativo:


“El niño es muy afecto a la Virgen de Guadalupe, después del accidente él me pedía en el hospital que yo le rezara a la guadalupana, porque ayuda a todos, y quería que su mamá Lorena saliera de terapia intensiva, los doctores decían que Lorena ya no se iba a curar”, recuerda.


La petición de su sobrino que la ve como su abuela, avivó la fe de Leonor, quien no dejó de pedir a la Virgen de Guadalupe para que les ayudara a superar las secuelas de una tragedia que ocurrió mientras dormían, cuando el gas que escapó de la cocina terminó incendiando la casa al alcanzar la pólvora de unos pequeños cohetes.


Recién convaleciente, el 11 de diciembre del año pasado Leonor llevó a Aslan ante la Virgen de Guadalupe, en el templo construido a un costado del Paseo Juárez El Llano, era una cita a la que ayer tampoco faltó.


El pantalón y camisa de manta, junto con el sombrero, fueron los mismos del año pasado, sólo tuvo que gastar 150 pesos en los huaraches y participar en la caminata que la mañana de ayer partió de la Catedral de la ciudad de Oaxaca al templo de la Virgen de Guadalupe.



Globos, entre las ofrendas a la Virgen. FOTO: Emilio Morales

Una tradición familiar


Para llegar a tiempo, Beatriz Contreras alistó a su hija Isabela desde las 9:00 de la mañana con la ropa regional que emula a una pequeña indita, el traje de rigor en el primer año de edad.


Al verla fue inevitable recordar una foto de ella a la misma edad, con un atuendo idéntico que la hizo sentir emocionada y orgullosa por seguir una tradición de una familia arraigada en la religión católica.


A padres y madres como Beatriz, reunidos en el atrio del templo de Guadalupe, el sacerdote Héctor Zavala Balboa les recordó que las hijas e hijos que cargaban en sus brazos son una gran responsabilidad.


Padres y madres, la guía


Durante la homilía pidió que Dios y la Santísima Virgen de Guadalupe concediera el don de ser buenos padres y madres para acompañar a sus hijos en el camino de la fe.


Para él, el día previo a la gran celebración católica en honor a la Virgen María de Guadalupe es una fiesta en toda América Latina. “Somos guadalupanos y no nos entendemos sin San Juan Diego”, expresó.


La presencia de cada familia es una muestra que “las cosas de Dios permanecen” y cada año seguirán llegando para dar gracias por todos los beneficios recibidos.


Luz María Audelo escuchó atenta el sermón del sacerdote. Ayer fue el segundo año que acudió con su pequeña hija Aimé a agradecer que superó un embarazo y un parto delicado que le hizo pensar que ambas podrían morir.


Vendrán cada año


Además de infantes, entre la caminata un grupo de treinta payasos se unieron “porque somos seres humanos de fe”, agradeciendo sobre todo el trabajo, contó Bombin Bombochas.


Ni Manuela Flores ni su esposo necesitan un motivo adicional a la vida para acudir cada año ante la imagen de la Virgen de Guadalupe. Su fervor les mueve.


Vestir a su hijo Cristian, de apenas dos años de edad, con el atuendo de manta de San Juan Diego es un agradecimiento por no tener ningún problema de salud.


Eso mismo hizo con sus hijos de 18 y 9 años que si bien la acompañaron, ya no visten las ropas que recuerdan al hombre indígena que en el Tepeyac se le reveló la Virgen en donde después sería construida una Basílica, en el centro del país y América Latina.


Manuela recuerda que antes los canastos o huacales que cargaban las niñas o los niños traían verduras que dejaban como ofrenda a la Virgen para llevarlas a la Ciudad de los Niños, pero creyó que esa práctica se interrumpió y prefirió que su hijo Cristian cargara una jaula de carrizo con un perico adentro.


Sin embargo, al pie de la Virgen María la ofrenda, además de flores, sí incluyó verduras y dulces que más tarde se compartió con los niños que viven en el gran albergue de Viguera, fundado por el sacerdote José Miguel Pérez García, fallecido en 2012.


Leonor sabe bien que las niñas o los niños deben acudir los primeros tres años de vida a agradecer a la Virgen María de Guadalupe, pero ella volverá con Aslan el 11 de diciembre de 2018.


Para ambos no importa qué edad tenga, mientras haya vida, tienen motivo para agradecer el milagro de la existencia.

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