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Por el bien de la humanidad

Foto(s): Cortesía
Redacción

La frase que precede a este texto y le da título, se ha vuelto muy común en estos días.


Por primera vez en mucho tiempo, nos dimos cuenta de lo ridículamente vulnerables que somos ante un enemigo que ni siquiera sabemos bien a bien, qué es.


Es un bichito, le dicen a los más pequeños. Es un virus, repetimos los adultos sin entender muy bien qué cosa es un virus. No existe, es un invento, repite otro sector de la población, esa que estadísticamente es la que más ha padecido esta pandemia. El 71 % de los muertos en México por el COVID, tenía escolaridad primaria o menor, revela el científico Héctor Hernández Bringas, desde el CRIMM de la UNAM.


No hubo armamento pesado, bombas, pistolas ni fusiles capaces de detener y hacer frente al enemigo común, que no supo de fronteras y es en estos momentos cuando nos damos cuenta que carecemos de otro ejército, uno que podría controlar y erradicar la pandemia a nivel mundial: los científicos.


Usted preguntaba cuando era niño: ¿Por qué? Preguntaba porque quería saber, quería explicaciones que iban más allá de lo que usted podía intuir o visualizar. Eso es lo que hace un científico, no deja de preguntarse nunca el porqué de las cosas.


Una sociedad que desconfía de la ciencia, está condenada al oscurantismo, a buscar soluciones fáciles o a caer en manos de la charlatanería y la pseudociencia. A creer lo primero que escucha o lee.


Por eso es importante que la ciencia regrese a la escuela, porque es el único lugar donde el niño aprende aquello que no puede aprender en casa; porque ahí podrá acoger a la ciencia como un método aplicable y confiable.


Por el bien de la humanidad, necesitamos más científicos en todos los ámbitos del conocimiento, pero sobre todo, urgen maestros científicos.

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