Durante su estancia en Oaxaca, a Eduardo del Río "Rius" (1934-2017) le gustaba vestir relajado: jeans, playera y su infaltable morral. Hace tres años se le podía ver en la ciudad caminando. Durante esa época compartió con la tierra del quesillo, como lo caricaturizó en su libro Oaxaca de Rius, proyectos que bien tuvieron que ver con publicaciones editoriales con Almadía, participación en presentaciones de libros con la Feria Internacional del Libro de Oaxaca (FILO) que con exposiciones en el Museo de Filatelia de Oaxaca (Mufi) o proyectos con el artista Francisco Toledo.
Prolífico, iconoclasta, irreverente, vanguardista, sabio y universal, así lo consideran sus lectores, millones de mexicanos a los que educó no sólo cultural, sino sentimentalmente, como ya lo había dicho antes. La ocasión de su estadía en Oaxaca fue a propósito de los estudios de su hija, por quien cambió su lugar de residencia. Relajado, con ese irremediable buen humor y risas, confesó en el año 2010, que solía perderse en las calles de la Verde Antequera porque todas le parecían iguales.
A sus 83 años se fue de este plano siendo vegetariano, hace un par de años compartía en charlas y entrevistas que seguía comiendo hierbitas, frutas y soya: “Estoy contento de estar en Oaxaca, de vez en cuando como chapulines y mezcal ya casi no bebo, pero por alguna extraña razón amanezco con los párpados pegados al otro día".
En una entrevista publicada por NOTICIAS en el 2010, lanzó el comentario de que siempre tuvo deseos de vivir en Oaxaca y donde le hubiera gustado quedarse hasta morir: "Oaxaca es el estado más mexicano que existe. Me gustaría morir en Oaxaca. Es un ambiente de mucha libertad el que se vive aquí".
El escritor y caricaturista no se dejó ver sorprendido por el paro magisterial, incluso bromeó diciendo que ya deberían de ponerlo en el calendario. Ese mismo año montó la exposición La sonrisa filatélica y más tarde, con la editorial Almadía publicó dos libros: Rius en pedacitos -del que exhibió una exposición en el Instituto de Artes gráficas de Oaxaca (IAGO)- y Oaxaca de Rius.
El monero se consideraba un sobreviviente de la prosperidad nacional, de las promesas del PRI, del matrimonio -que para él fue decir bastante-, de la canonización de papas y de los 80 años que tenía cuando vivió en Oaxaca, edad a la que llegó, dijo entonces: “digno de merecer”, ¿qué? todavía no lo sabía.
