CIUDAD DE MÉXICO.- El matrimonio tormentoso y destructivo de los poetas Sylvia Plath y Ted Hughes, que culminó en el suicido de la autora, es un episodio de la historia de la literatura del siglo 20 que ha sido tratado numerosas veces tanto en la academia como en las obras de ficción. Pocas de estas narraciones, sin embargo, abordan la depresión clínica de Plath y el machismo y abuso de Hughes a la luz de otra pareja que, con su arribo a la vida de los escritores, desencadenó los eventos que culminaron no con uno, sino con dos suicidios.
En su nueva obra de teatro, Las agujas dementes, el escritor Jorge Volpi relata esta historia a partir del encuentro de ambos escritores con la traductora Assia Wevill y su marido, el poeta David Wevill. Tras una relación extramarital con Hughes, igualmente tumultuosa, Assia se quitó la vida de la misma forma en la que lo hizo Plath, a quien admiraba, como una trágica repetición a la historia ya conocida.
"Me pareció una historia fascinante de poetas, de violencia, de repeticiones, de machismo, y a partir de ahí me di cuenta de que quería contar esta historia y me pareció que el mejor formato para contarla era permitir que los personajes, que son poetas, o Assia, que era traductora de poesía, pudieran hablar directamente, por sí mismos, en vez de una narración, entonces en el formato de una obra de teatro", explica Volpi en entrevista.
El texto se mueve a través de los años, sin un orden cronológico estricto, para mostrar los episodios en los que ambas parejas se encuentran y cómo las relaciones entre todos comienzan a imbricarse dolorosamente, con consecuencias fatales, cuando Hughes y Assia inician su relación a espaldas de Plath.
Comenzando por el suicidio de la poeta, en una escena que se desarrolla en silencio absoluto, la historia se desenvuelve, sobre todo, en las discusiones domésticas de cada pareja, lejos de la vista pública, y en las veces que los cuatro se reúnen a discutir de literatura, ocultando sus pasiones.
"En el libro, los personajes se llaman simplemente David, Assia, Ted y Sylvia, sin los apellidos, precisamente porque se trata ya de, a partir de su historia, contar esta otra de su relación, de sus encuentros, de sus desencuentros, de sus muertes", detalla el autor. Para su escritura, Volpi se sumergió en un proceso de investigación que no solamente involucró la revisión de las biografías disponibles, sino de una reflexión sobre de la obra de los tres poetas y las traducciones de Assia, todas integradas en la obra.
Como parte del trabajo de escritura, el autor realizó incluso sus propias traducciones de Plath, Hughes y David Wevill, incluyendo algunas de las piezas más célebres de sus autores, como Lady Lazarus, de la Plath, y algunos escasamente conocidos, como el poema final de Hughes, Last Letter. "Del último poema de Ted también hay muy pocas traducciones, porque es un poema menos conocido que él deja fuera de sus libros y por eso quería también incluirlo al final del texto", relata Volpi.
Es de este último texto, traducido e incluido en su totalidad, que el dramaturgo tomó el concepto de las "agujas dementes" que da título a la obra. "El entumido amor de mi vida, / con sus dos agujas dementes, / bordando su rosa, hilvanando / y extendiendo su tejido, su tatuaje de sangre, / en algún lugar detrás de mi ombligo (.)", se lee en la traducción de Volpi.
La obra, que no exculpa ni trivializa la violencia que Hughes ejerció sobre ambas mujeres, muestra la complejidad detrás del carácter de cada personaje. "Él es también uno de los grandes poetas del siglo 20, pero eso tiene su correspondencia no solamente en haber sido un hombre muy de su época, un hombre que esperaba de las mujeres los comportamientos típicos de la época, sino además ciertamente un hombre violento, un hombre celoso, un hombre que a partir de descubrir a Assia se convierte también en una figura prototípica de su época, de estar conquistando una mujer tras otra, de maltratar a distintas mujeres al mismo tiempo", perfila Volpi.
Plath, por su parte, se muestra como una escritora extraordinaria que, contra su depresión y las circunstancias adversas de la época, logró consumar una obra perdurable. "Además del machismo ambiente y el propio machismo de Ted, que ejercía sobre ella violencia psicológica, pero también violencia física, ahí vemos la figura fuerte de Sylvia y, sobre todo, cómo a pesar de todo esto, en sus poemas, sobre todo en los de la última época, los que se publican póstumamente en Ariel, ella tiene ya ahí una sensibilidad que se adelanta a su tiempo, y que habla desde el punto de vista de una escritora mujer de su época sobre todo lo que tenía ella que estar sufriendo, padeciendo, atravesando, de una manera deslumbrante", celebra Volpi.
