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Mujeres y comales, simbiosis de barro

Foto(s): Cortesía
Redacción

SAN MATEO MIXTEPEC.- Las manos de las mujeres zapotecas siguen amasando el barro para confeccionar los comales. Es el pueblo donde todas las mujeres aplastan con las manos el barro que da forma a los comales, los más famosos de los Valles Centrales.


En la entrañas de las áridas montañas están los bancos, las minas para abastecer el barro chicloso, barro blanco, barro colorado y arena. Los cuatro elementos son molidos en metates de piedras de río, dan así la mezcla perfecta para los comales.


Paciencia y delicadeza, son ingredientes que las mujeres agregan. Manos incansables, manos curtidas.


PUEBLO ESCONDIDO


San Mateo Mixtepec es un pueblo escondido en un recoveco rumbo a un macizo montañoso de la micorregión del distrito de Zimatlán de Alvarez, en cuyo centro pasa un arroyo con abundante agua. Y en todos los patios o azoteas de las casas están secándose los comales colorados, mirando al sol. Después, pasarán al horno para su cocimiento. Posteriormente, a viajar por los diversos pueblos y sus cocinas.


En esta comunidad no hay un hombre que no haya viajado a los campos agrícolas del norte del país. Todos han migrado a los cortes de hortalizas.


Parece un pueblo fantasma. Sin embargo, el trabajo está dentro de los cuartos construidos con adobes o ladrillos, "donde no pega el aire porque si no, se parte el comal".


EL PROCESO




FOTO: Emilio Morales

Soledad Santiago cuela ceniza sobre los moldes -un comal de unos tres centímetros de grosor--, extiende en forma uniforme el polvo grisáceo y los deja reposar. Mientras, sobre un retazo de costal, la mujer va extendiendo la mezcla de barro -similar a una tortilla grande- que después deja caer sobre el molde para seguir aplanando. Por momentos, sus manos son rastrillos que arañan el barro con un poco de agua. Sigue un olote (de la mazorca del maíz)  para dar un sólo grosor y uniformidad. El toque mágico lo da una delgadilla capa de barro rojo.


Hacer comales es parte de la tarea cotidiana de las mujeres.


"Hoy haré 10, eso aguanto, porque luego atiendo a mis hijos", expone la joven mujer.


Soledad toma confianza en la conversación. "Aquí no hay otro trabajo, nosotras es lo que hacemos".


--¿Y los hombres también lo hacen?


--¡No! Los hombres no hacen comal -responde tajante--. ¡A ellos les toca ir a traer el barro y leña. Ese es su trabajo.


TAREA DE MUJER




FOTO: Emilio Morales

Relatan en el pueblo que antes de tener el camino, por las veredas y a lomo de burro, en canastos, los hombres eran los encargados de comercializar el producto a los diversos poblados.


Santa Cruz Mixtepec, la cabecera municipal, era lugar del abasto de víveres tras la venta.


No lejos, a unos metros de distancia, doña Nicolasa Hernández Cruz sigue la tradición. Sabe que con el tiempo se enfermará de los brazos y la espalda por el frío del barro y el calor del horno. "Los dolores se quitan con la cura del temascal", comenta, mientras moldea el barro.


La mujer tiene como faena la confección de 20 comales; "empecé a las 10 de la mañana y como a las dos o tres de la tarde ya acabé, para ver la comida".


Mixtepec es redondo


Aquí, en San Mateo Mixtepec, una carga la conforman 20 comales. Sus precios van desde 12 a 15 pesos los pequeños; 20 a 30 los medianos y entre 40 a 50 pesos los grandes.


--¿Alguna creencia por lo que sale mal la hechura de un comal? -se pregunta a doña Nicolasa.


--Dicen que cuando se está haciendo el molde, si llega a la casa una mujer embarazada, se pone panzón el molde cuando se cuece. Un molde cuesta más trabajo hacerlo, es más grueso y pesa mucho.


El uso de la ceniza, añade la mujer, "debe ser bien coladito y es para que no se pegue con el molde".


La mujer es originaria del pueblo vecino de San Miguel Mixtepec y se casó con don Pedro, nativo de San Mateo. Hace tres años aprendió el oficio y ya es una experta. "Aquí, todas las mujeres hacen comales. En toda la región saben que es la tierra de los comales".


Arnulfo Santiago, un joven que hace un par de días retornó de Sinaloa, donde laboró como jornalero agrícola, cuenta que sus abuelas, su mamá, "todas entregan su vida en los comales. Desde chiquitas, las mujeres saben que harán comales y los hombres van a traer el barro, eso está como a una o dos horas de camino".


--¿Y se está acabando el barro?


--Hay cantidad. No hay para cuándo.


Pedro, otro jornalero agrícola que regresó hace un año, dice el reto: "Coma una tortilla cocida en el comal de barro y coma otra bajada del comal de lata. La primera es sabrosa, tiene sabor. La cocida en un comal de lámina, se quema rápido".


Y la tierra sigue dando, generosa; aquí, los comales en el día miran al cielo para secarse antes de entrar al horno. Después, son viajeros...

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