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MISCELÁNEA| “Adiós Nito, sabes que te ama tu esposa”

Foto(s): Cortesía
Redacción

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En la fecha en que se conmemora  el Día Internacional de la Mujer y las luchas por el pleno reconocimiento a su participación comunitaria en pie de igualdad con el hombre; sus valiosos aportes a la sociedad, así como su total emancipación y su desarrollo íntegro como persona, recordamos a una mujer oaxaqueña que trascendió las fronteras de la patria chica y se proyectó a la historia nacional: doña Margarita Maza de Juárez, nacida el 8 de marzo de 1826, en la ciudad de Oaxaca.


En sus 45 años de existencia, 25 como compañera de vida y luchas del señor Benito Juárez, doña Margarita destacó como una mujer de avanzada, de grandes cualidades, leal a las justas causas de su pueblo y precursora de las luchas contemporáneas por la liberación de la mujer.


En una conferencia, dictada en la ciudad de México en 1972, la oaxaqueña Martha López Portillo de Tamayo, aseguró que doña Margarita, “por la forma en que vivió se adelantó cien años a su época; siempre estuvo a la altura del más grande hombre que ha dado México: desde su juventud hasta su muerte manifestó sus opiniones, desarrolló su propia personalidad sin menoscabo de ser una madre y esposa amorosa y tierna. Nunca transigió con las injusticias, ni se sintió bien dentro del halago y la lisonja”.


A través de las cartas que le envió a su esposo, doña Margarita evidencia su instinto político, amor por la Patria y la unión indisoluble con don Benito.


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(Nueva York, 10 de noviembre de 1865) Mi estimado Juárez: (…) Creo que esta semana se irá González Ortega; ese desgraciado no ha venido más que a ponerse en ridículo y a que todos le conozcan lo mula que es. (…) Dales memoria de mi parte a los Sres. Lerdo, Iglesias, Goytia, Sánchez, Contreras, Pancho Díaz y Novoa y tú recibe el corazón de tu esposa que desea verte”.


(Nueva York, 15 de noviembre de 1865) Mi estimado Juárez: (…) Me alegro que hayas recibido mi retrato y siento que tú no te puedes retratar para mandarme el tuyo, porque aunque me causara disgusto, quisiera que me lo mandaras; yo, poco más o menos, me figuro como estarás con la vida tan indecente que llevas, malpasándote en todo, no sé cómo has podido resistir. Adiós Nito, sabes que te ama tu esposa”. 


(Nueva York, enero de 1866) Mi amadísimo Juárez: Espero de Dios que tanto tú como los buenos amigos que te rodean se conserven buenos. Ya he sabido que todos están conformes con que tú sigas al mando y tienen razón; sólo tío Ruicito (Manuel Ruiz), como el pobre está loco, le dio porque él debía ser presidente. Prieto lo que quería es ser ministro (…) después te volverá a hacer la guerra porque ellos no tienen la culpa sino tú, que no te vuelves a acordar de lo que te hacen. (…) Adiós Nito, sabes que te ama tu esposa”. 


(Nueva York, 8 de marzo de 1866) Mí estimado Juárez: (…) Todos dicen que los negocios van bien; yo veo que todo sigue lo mismo. Figúrate que ya todos se han fijado en que los americanos lo han de hacerlo todo y, con esa esperanza todos los mexicanos y en particular todos los que vienen aquí, ya no piensan más que en pasearse y no se vuelven a acordarse de nada. Bien puedes no mandar comisionados para nada porque les cuesta y ellos no hacen nada”.


(Washington, 28 de marzo de 1866) (…) Romero (Matías) me llevó a la recepción del presidente y, como verás en el Herald, dicen que estuve yo elegantemente vestida y con muchos brillantes. Eso no es cierto; toda mi elegancia consistió en un vestido que me compraste en Monterrey; (…) respecto de brillantes no tenía más que mis aretes que tú me regalaste un día de mi santo. (…) Procura mandar una ordencita para que estos comisionados Carbajal y Sánchez Ochoa se vayan, porque son inútiles. (…) Con esta percha de inútiles que esperanza que yo tenga en que hagamos algo”.


(Nueva York, 24 de abril de 1866) La última carta tuya que tengo es del 13 del mes pasado y hasta entonces no habías salido de El Paso. Esto me tiene con cuidado; hasta que no sepas que has llegado a Chihuahua sin novedad y por supuesto habiendo echado a los 400 traidores que habían quedado, no estoy tranquila”.


(Nueva York, 27 de abril de 1866) (…) Te felicito por el triunfo que han tenido y en mi nombre felicita a todos los señores. (…) Ahora que todas las noticias son buenas merecen la pena, pero antes de estos triunfos no teníamos más que ilusiones, ya tú sabes que cuando empezamos a ganar seguido, nos seguimos de frente.”


Margarita Maza de Juárez murió el 2 de enero de 1871 a la edad de 45 años en su casa de campo, en San Cosme, Ciudad de México. 


EX LIBRIS


Margarita Maza de Juárez

Martha López Portillo de Juárez 

En la introducción a este opúsculo, la recordada maestra doña Arcelia Yañiz escribió: “Entrar a la vida de Margarita Maza, desde la perspectiva que nos presenta la investigadora Martha López Portillo de Tamayo, es descubrir a un personaje insólito, a una mujer, joven esposa y madre, que no solo estuvo a la altura de las circunstancias adversas que le tocó vivir sino que las superó, porque nada le fue ajeno de todo cuanto sufrió. En las cartas halladas por la investigadora Tamayo se encuentran todos los elementos que la esculpen como una mujer excepcional, profundamente humana, con virtudes que la colocan como heroína en el contexto de la historia nacional.

“Ante la sospecha de un secuestro, ella pidió a José García, amigo de la familia Maza, que la ayudara a salir de Etla donde se había instalado y puso un tendajón con la expectativa de mejorar su economía. La solicitud fue atendida y la resguardaron en la Hacienda de Cinco Señores; ahí se organizó para el histórico viaje que consumó cruzando por la serranía, acompañada por dos guías y sus cinco hijos.

“A los brazos de su esposo llegó sana y salva, llevando el pendón de sus hijos y gozando el hecho de estar juntos otra vez”.

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