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Lunes de Panteón en San Juanito, Oaxaca

Foto(s): Cortesía
Octavio Vélez Ascencio

En el tradicional Lunes de Panteón cientos de familias de la agencia municipal San Juan Chapultepec acudieron ayer a recordar a sus familiares que se adelantaron en el camino de la vida eterna.


Los deudos se reunieron en rededor de las tumbas y bóvedas que arreglaron con flores de cempasúchil, borla, rosas y claveles, para después compartir comida, cerveza y mezcal, entre las notas de la música tradicional que interpretaron una banda y grupos norteños.


De esta manera, los colores amarillo, rojo, rosado, morado, naranja y blanco inundaron todos los lugares del panteón.


Para muchos, el Lunes del Panteón significó estar todo el día, porque aquí desayunaron, comieron y cenaron los alimentos que normalmente comía el difunto.


Pagar amor con amor



Don Teófilo Ramírez y el amor por su difunta esposa. FOTO: Mario Jiménez

Casi a la mitad del camposanto, con la fuerza que todavía le da la vida, don Teófilo Ramírez, de 86 años de edad, llegó hasta la tumba de su esposa, doña Dolores Lorenzana Santos, a limpiar y arreglar el lugar donde reposa, en la que colgó una gran fotografía de ella.


Desde el 2013, acude cada año a recordar y a estar con quien estuvo ligado en 50 años de matrimonio.


“Es una costumbre muy arraigada aquí en San Juan, pero la verdad lo hago por amor, porque mi esposa me quiso mucho. Entonces, con amor correspondo ese amor que siempre me dio”, asentó.


Injusto olvidar


En el otro lado, doña Margarita Cuevas Ibáñez, de 83 años de edad, se sentó junto a la tumba donde se encuentran su mamá, papá y hermano, Rosa Ibáñez Vásquez, Francisco Sánchez Aguilera y Rafael Díaz Ibáñez.


“Los vengo a ver, a platicar, a recordar cosas, no los podemos olvidar porque compartimos mucho y sería injusto y no estar con quienes me dieron la vida”, apuntó.



La música, fundamental para acompañar a los difuntos. FOTO. Mario Jiménez

Intercesión divina


Otra mujer, Graciela Alicia Martínez Ramírez, de 77 años de edad, llegó al panteón para recordar a su hermano José Martínez Ramírez, pero también a platicar las buenas nuevas y sobre todo, a pedir que interceda ante Dios.


“Aunque no viva vengo a platicar con él, me escucha lo que le digo y le pido que en lugar donde se encuentre, le pida al Señor que cuide a sus hijos”, señaló.


Así como ellos, otros tantos familiares acompañaron y recordaron a sus difuntos.


Las afueras del panteón se convirtieron en una gran vendimia de clayudas, molotes, tamales, tacos dorados, empanadas de amarillo, tostadas de salchicha y otros antojitos oaxaqueños, así como aguas frescas, tejate y cervezas, sin faltar las flores, las velas y las veladoras.

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