El barrio naborí de Trinidad de las Huertas, con sus extensa huertos de legumbres y flores, dio origen a la hoy famosa Noche de Rábanos, que atrae a miles de turistas nacionales y extranjeros al zócalo de la ciudad capital.
Los antiguos criados o sirvientes (naboríes) de las 120 familias españolas asentadas en la antigua Verde Antequera a partir de 1529, cultivaron la tierra para su subsistencia y poco tiempo después se convirtieron en abastecedores de legumbres y flores de los habitantes de la ciudad.
Los naboríes fueron utilizados prácticamente como esclavos en las tareas de urbanización y edificación de la nueva ciudad española.
Para atraer clientes en el mercado de la capital, los hortelanos comenzaron a crear diversas figuras con rábanos para llamar la atención de los compradores, mismas que exhibían en canastas extendidas junto a lechugas, coles, cebollas y otras legumbres.
La religión y la Noche de Rábanos van de la mano. FOTO: Mario Jiménez Leyva
Una de las mayores venta se realizaba el 23 de diciembre, cuando las familias españolas y criollas realizaban las compras para la celebración después de la Misa de Gallo; ese día los horticultores se esmeraban en adornar sus canastos con figuras de rábanos.
El libro Noche de Rábanos, escrito por el profesor Alejandro Méndez Aquino, señala que el 23 de diciembre de 1897, el entonces presidente municipal Francisco Vasconcelos Flores organizó la primera exposición de figuras de rábanos.
Participaron los horticultores, exponiendo sus inigualables y curiosas creaciones con rábanos en forma de representaciones navideñas, personas, animales, danzas y otro tipo de escenas que les dictaba la imaginación.
La primera exposición se realizó en la Plaza del Marqués o la Plaza de las Armas, hoy Plaza de la Constitución.
El barrio
Los naboríes fueron ubicados fuera de la traza urbana de la nueva ciudad, con la promesa del municipio de repartirles solares.
Sin embargo ante la falta de cumplimiento, en la segunda mitad del siglo XVII se quejaron ante el Virrey Luis de Velasco, quien el 7 de julio de 1653 ordenó que se repartieran los solares ofrecidos, fundándose así, al sur de la traza de la ciudad, el pueblo de indios de la Santísima Trinidad, según lo narra el Padre Gay.
Una de las descendientes de los primeros horticultores. FOTO: Mario Jiménez Leyva
Desde que se establecieron, los indígenas empezaron a producir legumbres y frutas para abastecer la ciudad y el poblado comenzó a conocerse como Trinidad de Las Huertas, sin que fuera considerado como parte de Antequera.
En 1796, durante el virreinato del marqués de Braciforte y con motivo de la división de Oaxaca en cuatro cuarteles mayores y ocho menores, La Trinidad aparece todavía como pueblo colindante con el Cuarto Cuartel Mayor y los Cuarteles Séptimo y Octavo Menores.
No fue sino hasta 1842, con motivo de la elaboración de un padrón de habitantes, cuando se menciona por primera vez La Trinidad de las Huertas como barrio de la ciudad. En esta época contaba con 95 familias, casi todas dedicadas a la horticultura.
Las últimas hortelanas
La señora Silvia Petra Cuevas Jiménez, de 68 años de edad, recuerda que su padre Pedro Cuevas cultivó legumbres y flores en los extensos campos de Trinidad de las Huertas.
“Todas las mañanas con su calzón y camisa de manta sacaba agua del pozo y con el apoyo de un cántaro de latón, recorría los largos surcos sembrados de rábanos, lechugas, coles, cebollas y demás; nosotros también íbamos a ayudarlo”.
El barrio naborí de Trinidad de las Huertas, con sus extensa huertos de legumbres y flores, dio origen a la hoy famosa Noche de Rábanos. FOTO: Mario Jiménez Leyva
Añade que el barrio estaba lleno de huertas.
“Todo lo que ahora son las calles de Colón, Rayón y Cuauhtémoc, todo eran huertas, así como detrás de la iglesia hasta la vía todo eran huertas; nada más se ocupaba donde vivían las personas, unas casitas, unos cuartitos, pero todo lo demás eran huertas”.
“Todos sacaban agua de los pozos, era limpia; nosotros con la mano tomábamos el agua que sacábamos; los rabanitos los arrancábamos, le quitábamos la tierra con los dedos y así nos los comíamos; el agua era muy limpia”.
Subraya que cuando el gobierno expropió el ejido de la Trinidad de las Huertas para fraccionar las tierras, el barrio comenzó a llenarse de casas y poco a poco se fueron acabando las huertas. “Así se acabó todo”.
"Todo fue huertas"
Roberta Graciela Reyes Hernández, de 71 años de edad, evoca que todo el barrio eran huertas donde se cultivaban coliflores, lechugas, rábanos, betabeles, zanahorias criollas y coles criollas, así como el rabanito cambray.
“Todos los que vivían en el barrio vivían de la venta de legumbres y flores, porque aquí también se cultivaban muchas flores, como el alelí, clavel, dalia, margarita, dormidera, nube, amapola, entre otras muchas. En esa época nadie sabía para qué servía la ampola, jajajajaja”.
Por su parte, la señora Enriqueta Trujillo Feria, de 94 años de edad, señala que su padre Ceferino Trujillo toda su vida fue hortelano y sembraba detrás de la iglesia.
“Él salía de madrugada a regar las legumbres y cuando el sol salía todo ya estaba regado y listo para llevar las legumbres al mercado”.
“De la huerta mi papá y mi mamá mantuvieron a once hijos, todos ayudamos en los huertos y en la venta de las legumbres y flores en el mercado de La Merced y de la capital del estado”.
Rememora que frente a la iglesia católica se encontraba una piedra grande y ancha donde los horticultores cargaban los piscadores (canastas grandes elaborados con carrizo) con legumbres para llevarlas al mercado”.
