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Las leyes de la naturaleza

Foto(s): Cortesía
Redacción

¿No es evidente que existe, o mejor dicho, tiene que existir, una «Inteligencia Cósmica», que… actúa en todas las cosas, aun en las para nosotros invisibles e inconcebibles? Existe, entonces, un Plan de Acción que se traduce en una Ley Universal… Esta Ley o conjunto de leyes es también llamada «sentido de la vida»; es la dirección del sendero de la evolución. JAL


Repetición rima con perfección


La repetición es la ley con que se maneja el cosmos entero. La Naturaleza repite insistentemente sus estaciones, sus días y noches; millones de veces la semilla germina en la tierra de la misma manera. Como parte que somos de la Naturaleza, ¿no seguiremos acaso el mismo ritmo? Repetir, repetir, repetir… no por aburrimiento, sino por la imperiosa necesidad de la perfección. El que repite no hace siempre lo mismo: lo hace cada vez mejor, se siente crecer en cada nuevo acto de aprendizaje.


El orden natural


El orden no es un invento humano; toda la Naturaleza se mueve según un ritmo visible que es reflejo de un orden, de una Ley. El hombre que se ordena no hace más que seguir los dictados de la Naturaleza. Si el ser humano evoluciona con orden, sus progresos serán más notables y sus problemas serán menores. No porque no existan los problemas, sino porque sabrá encontrar soluciones factibles dentro del orden en que se mueve.


La ley del Karma o las lecciones de la vida


Así como entendemos lo que es blanco porque lo comparamos con lo que es negro, entendemos la Ley por los efectos que ella produce en nosotros, en nuestras existencias. Cada vez que nos alejamos del camino, nos golpeamos contra sus muros laterales, los que, en su elasticidad, nos devuelven a la senda correcta. Esos golpes pueden ser más o menos fuertes, más o menos dolorosos, tanto como nuestro alejamiento de la Ley. Pero si no fuera por esos efectos dolorosos, no volveríamos los ojos del alma al porqué de nuestro dolor, no nos interesaríamos por la causa de nuestros errores, no trataríamos de evitar equivocaciones ni de analizarlas para encontrar su defecto.


Los efectos son una consecuencia; ¿consecuencia de qué? Recordemos una vez más que el verdadero filósofo no se conforma con las preguntas. El por qué es una primera reacción de la personalidad. Lo más importante es la respuesta a las preguntas, llegar a entender la raíz de cuánto nos sucede y dejar de considerarnos los eternos perseguidos por la vida para asumir la naturaleza del que aprende de todo cuánto le sobreviene.


Encontremos las formas que nos definen


Del mismo modo que la energía del cosmos ha generado infinitas formas para dar cabida a sus infinitas modulaciones, así nosotros hemos de encontrar las formas que respondan a nuestros principios morales, a nuestra inteligencia, a nuestros deseos tamizados por la experiencia y a las acciones moderadas por la razón.


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