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La Patria, impecable y diamantina

Foto(s): Cortesía
Redacción

La Independencia nacional se comenzó a tramar en la otrora Valladolid, “el jardín de la Nueva España”, hoy Morelia, en honor a su hijo más preclaro. Los conjurados iniciales fueron alumnos y discípulos de Don Miguel Hidalgo y Costilla, cuando fue rector y docente del Colegio de San Nicolás, de aquella hermosa ciudad michoacana.


A finales de 1809, el 21 de diciembre, el proyecto fue descubierto y apresados los conspiradores que, al año siguiente, se incorporarían al movimiento independentista acaudillado por su admirado mentor. Ignacio Allende y José Mariano Abasolo lograron burlar la persecución de la autoridad y comenzaron a organizar una nueva conjura en la región del Bajío, con sede en San Miguel El Grande, hoy de Allende.


Las reuniones, dizque animadas “tertulias literarias”, se trasladaron a la ciudad de Querétaro, en donde se sumaron pequeños comerciantes y militares del ejército colonial y a las que asistían personajes como Miguel Hidalgo, Juan Aldama; el corregidor de la ciudad, Miguel Domínguez y su esposa, doña Josefa Ortiz y la hoy Dulcísima Madre de la Patria, Leona Vicario.


El proyecto libertario fue denunciado varias veces por conspiradores miedosos. El corregidor Domínguez, presionado por los testimonios, ordenó algunas medidas que fueron ejecutadas con premeditada lentitud para posibilitar la fuga de los complicados.


 Doña Josefa, que también tuvo que ser apresada por su esposo, logró enviar un mensajero para avisar a los conjurados en San Miguel el Alto. El alcalde Ignacio Pérez, correo de la Corregidora, llegó el 15 de septiembre a San Miguel y dio aviso a Juan Aldama, quien de inmediato fue a Dolores y en la madrugada del 16 de septiembre dio la noticia a Allende e Hidalgo. Cuentan que el cura dijo: “Veo que estamos perdidos y que no queda más recursos que ir a coger gachupines”.


De inmediato ordenó la libertad de 80 presos con quienes apresó al delegado colonial y se dirigieron al atrio de la iglesia, donde hicieron repicar las campanas que convocó a la población.


El padrecito Hidalgo arengó a los vecinos a derribar al mal gobierno y  quitar del poder a los españoles. Se comprometió ante la población que se dejaría de pagar tributos, y ofreció un peso diario si tenían caballo y la mitad a los de a pie, a todos los que lo siguieran en la campaña que inició enseguida.


El nuevo ejército patrio reunió a más de 600 hombres, armados con lanzas y machetes, que se dirigieron a Atotonilco, donde don Miguel toma como bandera insurgente la imagen de la Virgen de Guadalupe. El 21 de septiembre, Hidalgo es nombrado capitán general; Ignacio Allende, teniente general, y Juan Aldama, mariscal.


Así comenzó la gesta de la independencia nacional; en septiembre, Mes de la Patria.


 

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