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La muerte, en tiempos de pandemia

Foto(s): Cortesía
Redacción

El dolor producido por la muerte de un ser amado es de los más terribles que puede sufrir el ser humano; el proceso de duelo condensará todo lo que significó en vida la persona amada; aquellas mociones que resulten chocantes, el individuo tratará de evitarlas de manera inconsciente; si éstas logran alcanzar la consciencia, por lo general terminarán por mortificarlo. Es en el proceso psicoanalítico donde la persona puede resolver esas situaciones adversas que la mortifican al transitar su pérdida. La negación o intentar no recordar más, no es la solución adecuada, pues en el alma eso perdura.


El amor y lo anímico


Quienes pierden a un ser querido, eventualmente expresan que "prefieren la muerte, sienten que algo les ha sido arrancado del pecho", en cierto sentido es así, pues esa experiencia proviene del interior del alma, en ella se comienza a desprender la energía depositada en el objeto de amor. A esto habrá que aclarar, que los individuos no depositamos dicha energía de manera arbitraria, antes debió acontecer un proceso psíquico llamado identificación, y así el objeto de amor es introyectado en nuestros afectos (alma). Cuando decimos que amamos a una persona, esto reúne varios procesos del psiquismo: identificación e introyección del objeto de amor; la dinámica y economía de la energía psíquica, por mencionar algunos. Podrán imaginar cuál equivocada es la idea de pretender poner un tiempo determinado para finiquitar la pérdida de un ser amado.


Moral, sanciones y duelo


Si traemos a colación lo mencionado en las notas que anteceden, es decir, las vivencias que despertaron sentimientos adversos hacia el objeto de amor, podremos introducir: lo que llamamos amor está permeado por el ideal y la moral, que es por lo general donde se producen las mortificaciones de quien sufre la pérdida; en ocasiones, la mortificación llega a tal punto que la persona se sanciona el tiempo que sufre por la muerte del ser amado.


Es el afecto amor-odio (es decir, no son dos afectos separados) el que plantea dificultades no solo en el proceso de duelo, pues es la vida la que permite su dinamismo, tanto en el mundo interior (alma) y en aquello que el individuo toma del mundo exterior para su beneficio.


Los rituales


Una manera que los ancestros encontraron para lidiar con los demonios que se despiertan en la dinámica amor-odio, fueron los rituales; nosotros somos afortunados de contar con una bella tradición, el Día de Muertos, en el cual podemos agasajarlos con comida, bebida, incienso y rezos, en representación del amor que se tuvo o que el deudo siente le faltó dar en vida. Son los rituales religiosos hoy sancionados por muchos los que han permitido sobrellevar las pérdidas de los seres humanos, pues en ellos, la persona se permite hablar con su muerto sin sanción, sin que sienta estar loco y saldar simbólicamente cuentas pendientes.


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Invitación


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