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La magia de Tilcajete, Oaxaca

Foto(s): Cortesía
Carina Pérez García

SAN MARTÍN TILCAJETE, Oaxaca.- El viento levanta polvaredas en un día nublado, que deja asomar al sol celosamente. El calor hace a los cuerpos sudar y el estar entintados y engrasados aumenta la temperatura; el ritmo cardiaco se acelera, las corretizas son lenguaje común. Desde un flanco de la manzana salen niños disfrazados con telas y máscaras; del otro lado, los diablos negros pintados con aceite quemado: declaran las primeras cazas.


Es tiempo de carnaval, el tercer día para que concluya la fiesta de la carne y de acuerdo con los católicos, inicie el tiempo litúrgico de la cuaresma. Las bromas, la euforia, adrenalina y fiesta se calmarán para comenzar una nueva etapa. Decenas de turistas llegan con guías a vivir la experiencia de uno de los municipios que forma parte de la ruta mágica de las artesanías.



A lo largo del recorrido que realizan los diablos, su vestimenta crea una banda sonora auténtica.

Fiesta mágica


La invitación la habían lanzado desde el sábado, día uno para comenzar el carnaval; vinieron hasta el centro histórico de la ciudad de Oaxaca a invitar a los locales y visitantes. En el día tres, con el que se concluye esta fiesta al ritmo de música de banda, sabor a tepache, cerveza y mezcal, los vallistas de Tilcajete gritan, corren y asustan; a quienes no se inmutan, incluso los pintan al rozarlos con su color plateado, negro, amarillo o rojo.


Cada disfrazado cobra la personalidad que quiera, todo es permitido. El diseño de su nueva identidad quizá les ha valido horas de creatividad durante el primer mes del año y alistan cuerpo, mente y espíritu, para liberarse un día antes del miércoles de ceniza.


Entre grupos de fotógrafos que se aglomeran para lograr la mejor toma y que incluso se atraviesan al paso de los diablos, estos personajes se abren camino con su impetuoso carácter. De todas las edades y géneros, ocurre una fiesta diversa que tiene cabida para absolutamente cualquiera de la comunidad que quiera participar. Los curiosos los persiguen por las calles aledañas a su palacio municipal y templo.


A 23 kilómetros de la capital se imponen los demonios; jóvenes y niños -sobre todo- salen a levantar polvareda, gritar hasta rasparse la garganta y hacer catarsis en esta cita anual que atrae a cientos de visitantes. Otro de los motivos vigentes para los turistas es que en este municipio de Ocotlán fue inspirada la historia de la película animada Coco, de Pixar.



Las máscaras de madera talladas en la misma comunidad, son la apuesta del rescate de esta fiesta

El visitante puede decidir si perseguir a los diablos para fotografiarlos o grabarlos, simplemente contemplarlos o presenciar la ceremonia chusca de un matrimonio; sumarse al recorrido de los "novios" por las calles del pueblo o destinar sus horas a la visita de los diversos talleres que existen en esta comunidad dedicada a la talla de madera.


Postales imborrables


Con la búsqueda de conservar al carácter ancestral y rescatar las máscaras de madera que son elaboradas en esta tierra, los organizadores y participantes dejan postales imborrables en la memoria de los que acuden a visitarlos.


Poco después del mediodía, los disfrazados se tienen que tomar un descanso, se limitan a caminar, aunque basta que uno emprenda la carrera para que los demás lo sigan.


Aunque el carnaval es considerado por algunos antropólogos e historiadores como un rito indoeuropeo extremadamente antiguo, estrechamente vinculado con los cultos de fertilidad y fecundidad humana, estudios recientes dan otra versión, la cual apunta hacia la idea cristiana de preparación física y psíquica días antes de la llegada de cuaresma. Se vovlerán a ver hasta el siguiente año.

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