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A la Guelaguetza, vestimentas de gala; hasta $30 mil un traje

Foto(s): Cortesía
Redacción

Oaxaca.- Vestir para la Guelaguetza es un lujo, pero para muchas y muchos participantes, lo vale la ocasión. De huipiles de la Cuenca cuya erogación llega hasta los 30 mil pesos por persona, a los exquisitos y exclusivos bordados de la zona Mixe, que alcanzan los mil 500 pesos, todas las delegaciones que participan en los Lunes del Cerro realizan gastos extraordinarios para complacer a propios y visitantes.
“En el caso de Tuxtepec, el vestuario de toda la delegación llega a valer hasta medio millón de pesos”, dice el ex director de la Casa de la Cultura y conocedor de las tradiciones y cultura cuenqueña, Samuel Aguilera.


Aun cuando son cerca de medio centenar de delegaciones las que participan en los dos Lunes del Cerro, en las regiones son variados los costos de las indumentarias, de acuerdo con la cantidad de prendas que portan y el trabajo artesanal que implica. Otro de los más caros sería el traje de gala en la región Istmo de Tehuantepec. Aquí algunos ejemplos.



 

Orgullo zapoteca


Erwin Xicoténcatl Vale porta con orgullo, desde los 12 años de edad, el penacho como la vestimenta de manta adornada con brocados y tejidos multicolores. El originario de la Villa de Zaachila se dice orgulloso de sus raíces zapotecas y de representar a su pueblo en las fiestas del Lunes del Cerro o en cualquier otro lugar.


Actual director de la agrupación Cosijoeza, relata que si bien es un enorme gasto inicial adquirir las prendas para la ocasión, la inversión vale la pena, pues la Danza de la Pluma es una de las ejecuciones más reconocidas de las manifestaciones folclóricas del estado.


En Cuilápam de Guerrero y en Zaachila aún quedan creadores de las prendas para la ocasión, en particular el penacho, adornado con plumas de colores, espejos y diversos adornos de hojalata, que tienen un costo de tres mil 200 a cinco mil pesos.
La ventaja en estos casos es que la compra del penacho será por única ocasión y puede ser ocupado diversas emisiones de la fiesta, si se tienen los cuidados apropiados. De los demás elementos, se usa una camisa y un calzón de manta que lleva varias decoraciones con tela brocada de distintos colores, esto puede costar unos dos mil pesos.
 


La prenda istmeña


La del Istmo de Tehuantepec es otra de las delegaciones más aplaudidas y glamorosas. El lujo, el garbo, la altivez de las mujeres de la región, además de la galantería con las que bailan polkas, es sinigual.
Del traje, por su laborioso trabajo artesanal, un huipil bordado cuesta de entre 10 mil o 15 mil pesos, en el primer caso, si se manda a elaborar directamente con artesanos de la agencia de Álvaro Obregón, Santa María Xadani o Santa Rosa de Lima; en el segundo, si se adquiere en una tienda.


De acuerdo con los artesanos, un traje de gala tejido, tiene un precio de cinco mil a ocho mil pesos, dependiendo de la calidad y cantidad de flores; de los accesorios, un holán varía de entre 100 hasta mil pesos, según el material, mientras que los refajos, prenda interior, oscilan entre 200 a mil pesos; una mascada, 100 pesos; un adorno para el pelo, 200 pesos.


Una de las características de la vestimenta es la cantidad de joyería que debe portar en cuello, orejas y brazos, que antaño eran de oro; no obstante por las condiciones económicas y de inseguridad, actualmente son de fantasía. Aun así, los precios son altos, como es el caso un hogador (prenda que se cuelga al pecho a base de monedas, y rematada con un centenario), tiene un costo de mil 500 a dos mil pesos.



 


Putleca alegre y ceremoniosa


Las mujeres putlecas, alegres bailarinas de chilenas, portan también con orgullo y garbo un traje regional, menos costoso, conformado por una blusa bordada con chaquira y una falda amplia, satinada, además de una mascada y un pañuelo, símbolo de coquetería.


Sin embargo, de acuerdo con representantes de la delegación, el traje tiene varios simbolismos incluso de corte religioso.


Esto tiene un significado en la chilena y la razón por la cual se baila en un círculo. Detallan que el kiosco de Putla es redondo y hace algunos años cuando los padres eran muy estrictos, no permitían a sus hijas tener novio; entonces las mujeres caminaban por la derecha y los hombres a la izquierda, sobre el círculo del quiosco.
Si la señorita tiraba su pañuelo y el joven lo recogía se hacían novios... El pañuelo ahora es bordado con hilo pero antes haciendo referencia al acto mencionado era bordado con las iniciales del muchacho que les gustaba y con su cabello


La falda en tres holanes es para marcar la silueta de la mujer; el refajo y fondo son blancos, puesto que demuestran la pureza; las joyas demuestran el poder adquisitivo de cada señorita; las gardenias en el cabello representan las flores de la región.


Otra anécdota es acerca del cabello rizado, que es porque las muchachas traían trenzado el cabello todo el día cuando sabían que iba a haber un baile y se ponían limón o cerveza, lo cubrían con una mascada, cuando llegaba el momento del baile se lo soltaban y les quedaba su cabello chino.
 


Chinantecos y mazatecos


De acuerdo con la explicación de Samuel Aguilera Vásquez, los hupiles tradicionales, chinantecos o mazatecos, oscilan entre los tres a 15 mil pesos y las bailarinas deben tener cuando menos dos trajes, para su participación en un Lunes del Cerro.
Expone que los artesanos no son los vendedores directos, pues tienen a revendedores o intermediarios, que les adquieren las prendas a precios mucho más bajos.


Se trata de telas de una sola pieza, con bordados multicolores, que con variadas representaciones de la naturales.


Los principales artesanos se localizan en los municipios de San Felipe Usila, San Lucas Ojitlán, San Pedro Ixcatlán, Jalapa de Díaz, Valle Nacional, entre otros.
Otras prendas menores que se utilizan son las bisuterías que no rebasan los 100 a 150 pesos, así como unos huaraches, preferentemente de piel, que sean delgados pero a la vez resistentes, de tal manera que den la imagen de mujeres descalzas.



 


Celosos mixes


Menos sofisticados pero más celosos de la preservación de sus bordados, es la indumentaria de la zona Mixe, que se compone por el huipil, el reboso, la enagua, el señidor, el soyate, el tlacoyal y por los huaraches.


El huipil es una arte imprescindible del traje y simboliza la belleza de la mujer y la infinidad del cielo, que ésta a su vez, se conecta con la pureza. Los vivos rojos, son relacionados con los rayos del sol y también representan el día y el amanecer; tiene un precio de entre 450 y 600 pesos.


La enagua es la forma en cómo es entendida la madre tierra, por ello se ocupa el color azul y negro, con un costo aproximado de 500 pesos.


Pa’ bailar chilenas


Blusa de chaquira $1,200
Falda (aquí depende de los metros de tela)
Costura de la falda, refajo y fondo son $800 (sin incluir la tela)
Pañuelo $150
Mascada $200
Jardín $1,500
Zapatillas $600


 


Cara galantería istmeña


Resplandor blanco: sólo se usa en ocasiones de misa, bodas o Guelaguetza, no es de uso cotidiano; $200
Tocado o trenzas: las trenzas de listón del color del traje, el tocado son las flores; $200
Aretes: En su mayoría de fantasía; tienen un costo mínimo de $200


Hogador en el pecho:


Mascada (se prensa en la cintura y cae sobre la enagua);
Holán: Es blanco y remata el final de la enagua; mínimo $100
Refajo: es blanco y va debajo de la enagua; mínimo $200
Pulseras, semanarios y anillos; mínimo mil pesos
Traje de gala bordado; de 10 a 15 mil pesos
Traje de gala tejido: de cinco a ocho mil pesos.

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