Luis no entiende porqué cada que Alicia llega a su salón las manos empiezan a sudar y se siente tan nervioso, una emoción que en realidad oculta su ansiedad.
Si Alicia, la niña más popular de tercer grado en su primaria, le propusiera que desayunaran juntos a la hora del recreo, Luis recuperaría el apetito y terminaría la torta favorita que ha pedido en la cafetería, pero quizá tampoco quisiera ir a patear el balón con sus compañeros por estar con ella.
A los padres de Luis les cuesta trabajo entender que, a sus nueve años, su único hijo siente que está enamorado y tiene un pensamiento intrusivo, como le ha explicado la psicóloga.
Desde que Alicia se inscribió a la escuela de Luis, porque su familia cambió de estado de residencia, él no hace más que pensar y contarles a sus padres de ella.
Las cartas y obsequios que han promovido en su escuela por el Día del Amor y la Amistad, Luis quisiera que fueran sólo para Alicia. Su madre, Adriana Olivera, confiesa su temor: “No quiero que a Luis le rompan el corazón”, por lo que buscó asesoría psicológica.
El miedo al amor
Que al consultorio de Adriana Luna Castellanos, médica sexóloga, llegue una pareja porque su hijo o hija les ha dicho que está enamorado, es una situación común.
La dopamina y la oxitocina, las hormonas del placer que genera una persona cuando se enamora. FOTO: Emilio Morales Pacheco
La especialista tiene claras las diferencias que en la infancia se tiene del amor, que como tal es más fácil de identificar y sentirlo en un niño o niña “porque no están cargados de tantos prejuicios como las personas adultas”, además de que se vive sin esa presencia erótica.
“Cuando escuchamos que un niño dice que está enamorado lo pensamos desde nuestra realidad de enamoramiento erótico, no es que se quieran casar y tener relaciones coitales, sino más bien está sintiendo amor y ya”, resalta.
Si bien niñas y niños pueden sentirse enamorados al igual que las personas adultas, es a partir de la pubertad cuando el enamoramiento tiene reacciones neuroendocrinas y neuroquímicas.
“El cerebro manda un montón de órdenes a través de hormonas como la oxitocina y de neurotransmisores, como las endorfinas y la serotonina”, son esas sustancias químicas que hacen que la persona pierda lucidez y su estado se equipare al que causa una droga.
La oscitancia hace que el cerebro de una persona le permita pensar que es atractiva, le valoran y le quieren. FOTO: Emilio Morales Pacheco
En la infancia se generan las mismas hormonas, la diferencia es que “se quedan en el nivel cerebral y no hay un impacto en el resto del cuerpo, como a partir de la pubertad”, cuando el nivel de testosterona, tanto en hombres como en mujeres, aumenta.
Casi como estar dopado
“El enamoramiento genera un proceso casi equiparable a estar drogado, a final de cuenta somos mamíferos”, recuerda y analiza:
“A nivel orgánico y cerebral el enamoramiento, en el caso de los hombres hace que al aumentar la testosterona asuman actitudes como proteger a su novia, regalarle cosas y de tener un montón de ganas de estar con ella”.
Cada persona tiene un mapa corporal distinto. FOTO: Emilio Morales Pacheco
En las mujeres hay un aumento leve de la testosterona, pero además de que les provoca el deseo de estar con su novio todo el tiempo, “les genera como una especie de ceguera y sólo tenemos ojos para él, no escuchamos opiniones de otras personas, muchos menos si de alguna forma quieren contrarrestar las virtudes de nuestra pareja; además de que queremos estar ahí, sólo tenemos ojos para nuestra pareja”.
Condicionamientos
Para la sexóloga educadora, Aurea Ceja Albanés, la manera en que una persona reacciona ante el amor depende de la manera en que socialmente nos educan y condicionan a vivir el amor.
Es en la etapa del enamoramiento cuando “los ideales que tenemos se activan y generan una serie de reacciones” que desatan un estado muy similar al que se consigue cuando se fuma mariguana.
“En el enamoramiento hay dilatación de pupilas, sudoración, ansiedad, puede haber insomnio, pérdida de apetito, un estado de estrés general en el organismo y que se corresponde en un pensamiento intrusivo, intenso, involuntario y constante en la otra persona”, detalla.
Si bien hay una discusión de si es un situación sociocultural o biológica, el enamoramiento se vive desde un deseo de correspondencia, una idealización y expectativas, esos pensamientos a futuro.
A partir de la pubertad el amor va acompañado de deseo, el organismo no separa ambas sensaciones. FOTO: Emilio Morales Pacheco
Si se siente atracción hacia otra persona, generalmente va acompañada de deseo, un estímulo que el organismo no lo separa.
“Hay personas que son adictas al enamoramiento, que tiene que ver con una expectativa de tener una pareja porque no podemos estar solas”, ese mito del alma gemela que justifica la ruptura con la esperanza de encontrar a su “media mitad”.
Incluso “hay quien necesita este estado alterado, si no se tiene esa intensidad” porque ese “proceso drogado y sin lucidez” dura como mínimo seis meses y como máximo tres años, pero siempre tiene fecha de caducidad, es cuando “nos preguntamos qué le vi”.
¿Y después?
Después del enamoramiento lo que se construye es una relación de pareja a partir de los vínculos durante el enamoramiento. “Vas a empezar a conocer a la persona y en qué momento te coarta libertades o está siendo violento, si tendríamos posibilidades de construir una relación”, explica la especialista Adriana Luna.
Si el propio cuerpo “no nos drogara”, el enamoramiento no existiría.
