En tanto vivo el tedio, la abulia, el cansancio, me emboto, me pierdo, me disuelvo, ¡ya no sé quién soy!, me confundo en mil elucubraciones, el instinto me pasea entre: el dolor, la enfermedad, la vejez y la muerte, todo basado en el apego excesivo, el apego compulsivo a la vida. Tras ese vendaval de emociones, pensamientos laberínticos y perniciosos, mi cuerpo tiembla, mis ojos lloran sin querer, mi mente y mi corazón corren desbocados.
El niño se sumerge en la zozobra, clama a su padre fallecido, le grita a su madre lejos, ausente; - abuela ¿qué remedio es bueno para este torbellino de sensaciones, ideas, emociones, pensamientos? -; -abuelo canta esa vieja canción que habla acerca de una rama o un árbol que se dobla, pero no se quiebra-; -de esa otra que habla que vas en medio de la noche, pero no tienes miedo porque te acompaña la luna-. Canta porque cuando lo haces todo vuelve a su lugar, todo se calma.
Despierto de pronto o creo despertar, estoy pintando, ese ensimismamiento que produce el trazo, el color, el andar del pincel por su propia cuenta, entonces ves estrellas, luceros y cometas, ¡mira ese aerolito de cauda tan larga! ¡Y la sincronía paralela de la luna que se pasea en medio de la bóveda oscura y misteriosa y el cohete que pasa raudo quién sabe a qué destino!; de pronto estoy aquí en el marco de la puerta, salgo al pasillo, me asomo a la ventana extiendo mi vista a lo lejos de aquel vasto monte, aquel pequeño bosque, diminutas casas, esa gran y poderosa montaña, mi alma se calma, mi espíritu se recobra, doy gracias a la Divinidad, es de día, es un nuevo día.
Tomo mis herramientas vitales, alzó la vista, me dispongo a la posibilidad de emprender el camino y vivir la vida, no de manera mecánica ni predeterminada, si con la esperanza de servir, no dañar la naturaleza, ver la oportunidad de dar la mano al enfermo, al necesitado, consolar el llanto del niño, proveer un alimento que nutra no sólo el hambre cotidiana, sino calmar el alma ante lo desconocido que viene de la zozobra del futuro, ¿Qué pasará mañana? ¿Es más saludable la aurora, el medio día, la tarde o la noche? En realidad, todas las horas son saludables, depende del estado de la mente y donde situamos nuestro corazón; la mente que presionada por la realidad quiere desbocarse e inventa historias, ensueños, calamidades.
No es cosa sólo de agradecer la nueva aurora, sino también la plenitud del medio día o la tarde crepuscular que anuncia la noche y la noche misma, y así enaltecer la vida. Mientras tanto, ¡gracias a la Divinidad por el nuevo día!
