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Entre muros de tablarroca

Foto(s): Cortesía
Agencia Reforma

CIUDAD DE MÉXICO.- Los muros blancos de tablarroca conforman una especie de laberinto dentro del laberinto que es el antiguo Palacio de Minería.


El edificio -un monumento neoclásico inaugurado en plena Guerra de Independencia- alberga durante estas semanas 15 salones improvisados en los que se da forma a la primera Constitución de la Ciudad de México.


Por su escalera monumental, sus fríos pasillos, sus cinco patios y una docena de salas y salones deambulan constituyentes, asesores, cabilderos y ciudadanos.


La misión es titánica y parece, por momentos, imposible: ocho comisiones debaten los 76 artículos y 21 transitorios contenidos en el Proyecto de Constitución enviado por el jefe de Gobierno, Miguel Ángel Mancera.


En un plazo legal que originalmente vencía el 30 de noviembre -y que fue aplazado para el 10 de diciembre-, esos grupos de trabajo deben discutir 544 iniciativas presentadas por los diputados para modificar el proyecto, además de 978 propuestas ciudadanas.


En el salón 8 sesiona la Comisión de Principios Generales. El salón es, en realidad, un pedazo del Patio de Tacuba 3, delimitado por una estructura de tablarroca pintada de blanco, con una puerta gris y cuatro lámparas que cuelgan de cables negros.


El priista Enrique Jackson preside esta Comisión, en la que se deben dictaminar 22 de los 76 artículos, y procesar 90 iniciativas y 128 propuestas ciudadanas.


En el centro del salón de 5 por 8 metros, hay una mesa grande de madera con 20 sillas alrededor, de las cuales, menos de diez son ocupadas por los constituyentes que, en esta mañana de miércoles, debaten el artículo 26 que regulará la relación presupuestal entre el gobierno de la Ciudad y las alcaldías.


Una pantalla plana de 25 pulgadas ilumina la espalda de Jackson. En una esquina de la sala, junto a la puerta, una mesita con mantel color paja sostiene una jarra de agua, 20 vasos de cristal, 20 tazas para café y dos vasos de unicel, uno con azúcar y otro con palitos removedores. La cafetera, y un plato donde más temprano había pan de El Cardenal, están en otra mesa colocada afuera del salón.


Mientras los constituyentes discuten temas de responsabilidad hacendaria, en el salón contiguo trabajan el secretario técnico y los asesores de otra Comisión y, en un tercer espacio de tablarroca, el personal de Comunicación Social elabora gafetes para los periodistas acreditados ante la Asamblea Constituyente.


Vistos desde arriba, parecen laberintos para ratones de laboratorio.


La disposición de salones hechos con paredes provisionales se repite por todo el Palacio de Minería: tres en la planta baja, cuatro en el primer piso y ocho en el segundo.


Justo al mediodía del miércoles, la Comisión de Pueblos y Barrios Originarios conversa con Víctor Toledo, funcionario de la Relatoría Especial de la ONU sobre Derechos de los Pueblos Indígenas.


El especialista chileno orienta a la Comisión presidida por el indígena Mardonio Carballo, sobre la consulta que deberá hacerse a los pueblos indígenas residentes de la Ciudad, antes de aprobar la Constitución.


Mardonio y la secretaria de la Comisión, la perredista Nelly Juárez, se han convertido en los garantes de los derechos de los indígenas. Para eso están en la Constituyente, y han advertido que, de acuerdo con los tratados internacionales firmados por México, no podrá haber Constitución sin consulta.


Esta Comisión sólo debe procesar 15 iniciativas y dictaminar tres artículos (63, 64 y 65), pero la entrega de su dictamen a la Mesa Directiva, para la discusión en el pleno, no puede hacerse sin que antes se haya realizado la consulta. Además, otros artículos que tocan los derechos de los pueblos originarios deberán dialogarse con pueblos y barrios.


Eso ya lo tienen claro todos los miembros de la Asamblea, que deberá aprobar los mecanismos para que aproximadamente 40 artículos del proyecto sean consultados en asambleas comunitarias durante diciembre y enero.


En otro rincón del Palacio, en la planta alta, la Comisión de Desarrollo Sostenible recibe, en audiencia pública, a Eduardo Farah, defensor del Bosque de Chapultepec, quien hace una dura crítica a los proyectos inmobiliarios auspiciados por Mancera durante su administración.


"Le encantan las plazas comerciales", acusa el activista frente a la Comisión que preside Enrique Provencio.


Al terminar su disertación, Farah se despide de los constituyentes con una frase: "trabajen por México".


Luego, en su retirada, se encuentra con un par de reporteros a quienes dice en voz alta: "jóvenes, no le crean ni madres a estos políticos".

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