Creo que para comprender un poco más de la relación del hombre con los seres angélicos, es necesario saber un poco qué es el hombre y cuál es su esencia; y qué mejor que las palabras de Annie Besat para definir qué es el ser humano y lo deberá llegar a ser: “El hombre es aquel ser en el universo en donde se halle, en quien el más elevado espíritu y la materia más inferior y grosera se han unido por medio de la inteligencia… que a través del ilimitado futuro que tiene ante sí, vencerá al fin todos los obstáculos que se le presenten.
"El hombre no es necesariamente la forma que ves, puesto que puede tener un millón de formas; el hombre significa aquel ser en quien el Espíritu y la materia se han dado la mano, en quien ambos se han puesto de acuerdo, se están equilibrando, en quien al fin el Espíritu ha vencido a la materia… se emplea la palabra hombre para describir a todos aquellos seres en quienes concurren estas condiciones”.
Esta palabra no es simplemente limitada a nosotros, que solo somos una raza pequeña de la gran jerarquía humana… cada ser en este universo ha pasado o debe pasar por el reino humano; si se halla más allá del mismo, debe haber pasado por él; si no lo ha alcanzado, tendrá que pasar por él en el futuro; este paso del ser a través del reino humano no está limitado a este globo ni a esta raza.
El hombre es el campo de batalla entre la materia y el espíritu y que cada ser debe vencer, antes que pueda entrar en su reino Divino; tal es el hombre, cada ser humano es espíritu eterno e inmortal, porque no fue creado, es una emanación de Dios que es eterno e inmortal; es una conciencia individual desde el momento que ha salido, como chispa del seno de Dios y seguirá siendo una conciencia individual durante toda la eternidad, a menos que por maldad consistente, pierda la individualidad.
A medida que se desarrolle espiritualmente, sabrá que forma parte de la Conciencia Universal que es su Padre, pero no perderá su identidad. Lo que experimentó durante el tiempo que pertenece en la tierra siempre será parte de él, no irá a un depósito de energías dispersas que se conjunta con otras formando un solo ente con experiencias, pero sin memoria.
Su memoria siempre será parte de él, porque la inmortalidad es solo la propia conciencia no interrumpida; y perder la inmortalidad es perder la conciencia individual.
Los fragmentos de nuestro Padre, es decir sus hijos, aunque evolucionando individualmente como conciencia separada, no abandonan el Seno de Dios, porque allí pertenecemos inseparables de Él, pero al descender a la materia, el hombre cree que es distinto al Padre y se siente separado de Él.
Esto nunca sucede, no te puedes separar de tu fuente, de tu esencia y de tu Padre.
