Víctor Armando Cruz Chávez es un hombre que entre sus múltiples talentos escogió la palabra escrita para desarrollarla y hacer con ella arte. Narrador y poeta oaxaqueño, comenzó esta carrera siendo muy joven y su talento lo ha hecho acreedor a varios premios y apoyos por las distintas instancias de la cultura estatal y nacional. Juntar memorias. Crónicas del barrio de Santo Tomás, Xochimilco, Oaxaca (1450 Ediciones, 2019) es el último título de este autor y tiene como eje y escenario el barrio del cual es oriundo.
El contenido del libro está perfectamente establecido en su título. El autor se dedicó a recopilarcon ayuda de vecinos y familiares las memorias de su comunidad. En ellas tienen cabida el dato histórico preciso,las tradiciones, los personajes relevantes, la descripción arquitectónica y la crónica familiar. A lo largo del libro vamos de una a otra, de manera que cada apartado es una sorpresa, conformando en su conjunto un mosaico que nos dibuja la imagen del barrio de Santo Tomás Xochimilco, uno de los más emblemáticos de la ciudad de Oaxaca.
De lo consignado por Víctor Armando Cruz Chávez se desprenden datos sorprendentes acerca de la historia del barrio, pero también está presente la cotidianidad del mismo. El ambicioso proyecto, cuyos capítulos fueron publicándose a lo largo de varios años en periódicos y revistas, retrata a Santo Tomás Xochimilco desde su fundación como enclave prehispánico náhuatl hasta los temblores del 2017, pasando por su vida como municipalidad (estatus que perdió para quedar como agencia conurbada).
En esta crónica se hacen presentes varios personajes de la escena cultural oaxaqueña que habitan y son oriundos de esta comunidad. Rubén Leyva (pintor), Lina Medina (cantante),Darío castillejos (caricaturista) y Héctor Díaz (cantautor), entre otros, forman parte de este recuento; pero también lo hacen personajes entrañables que no están en la palestra pública como los marginales Che Poeta y El Tigre, los violentos Hermanos Ramos y Joel Leyva el famoso “Pollo”, cuyas vidas, con sus particularidades, tienen en el alcohol un común denominador.
Ni qué decir de la propia familia del cronista, desde la abuela, la bravísima María Ramos hasta Don Armando Cruz, panadero de oficio y padre del autor, que con todo merecimiento se hacen presentes en este volumen por el interés que, como personajes, despiertan en los lectores.
La crónica, como género a caballo entre el periodismo y la narrativa literaria, constituye un punto de resistencia al olvido al que estamos irremisiblemente condenados. Esta crónica es motivo de agradecimiento para todos los oaxaqueños quienes, aunque no seamos del barrio, compartimos con el cronista los espacios de su memoria.
La invitación de Víctor Armando es para que cada uno de nosotros haga la crónica de lo que nos es cercano y entrañable. Como nos muestra este libro, panteones, fiestas populares, oficios, iniciativas culturales fallidas, tragedias familiares y devastación ecológica, todo cabe en una crónica cuando un buen escritor lo sabe acomodar.
