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Día de Muertos, una fecha para recordar la vida

Foto(s): Cortesía
Redacción

En México, la fiesta más representativa es el Día de Muertos, en que convergen creencias precolombinas acerca de la muerte, fusionadas con la fe cristiana. La idea de que los fallecidos regresan cada año para visitar a sus familiares es un concepto fascinante; junto con los altares, esqueletos, comparsas, arcos y tapetes de flores, música tradicional, riqueza gastronómica y ese halo de misterio que envuelve a la celebración.       


Según crónicas de Bernal Díaz del Castillo y de otros autores de la época, los nativos no celebraban un día de muertos, sino que practicaban rituales funerarios.


El altar que conocemos es producto del sincretismo cultural y religioso. Los pueblos originarios no conocían el trigo ni el pan, que los colonizadores trajeron de Europa, e incluso las fechas de su realización fueron impuestas por la Iglesia. 


El presente altar con ofrendas, muy probablemente está inspirado en las tumbas prehispánicas donde las osamentas son acompañadas de artículos como comida, ropa y utensilios que le servirían para su viaje final. 



 


Creencias


Después se incorporaron elementos como el arco con flores de cempasúchil, que ahora, explican, es el portal del “más allá” por donde pasan los difuntos. Los antiguos mexicanos tampoco creían en el Infierno ni en el Cielo, pero sí en el Inframundo al cual iban los muertos. Tampoco creían que las almas regresaban a la Tierra. La excepción a la regla eran los mexicas, quienes pensaban que los guerreros muertos en batalla sí podían volver bajo ciertas condiciones, además de los espíritus de los bebés. El mismo mestizaje impuso tradiciones de la cultura mexica por haber sido preponderante en Mesoamérica.


Desde la época prehispánica, el copal servía para purificar y lo retoma el cristianismo para santificar el ambiente.


Los colores morado y blanco del papel significan duelo y pureza en la fe católica. A su vez, veladoras y flores se extienden a modo de sendero hacia la ofrenda.


El vaso de agua refleja la pureza del alma y sirve para mitigar la sed del muerto después de su viaje; además, se colocan fotos de los familiares difuntos.


Comida y bebida


Ahora se colocan alimentos tradicionales y los que eran del agrado de los fallecidos para que los degusten. En tanto, el papel picado representa la alegría de estas fechas.



 


La verdad sobre el Mictlán


Fray Bernardino Sahagún relata en “Historia General de las Cosas de Nueva España” que los mexicas, zapotecos y mixtecos creían en cinco paraísos donde reinaban dioses y al que se dirigían las “tonalli”, entendidas éstas como las almas o espíritus de los finados:


Omeyocan


El paraíso reservado para los guerreros y mujeres que morían en parto; un lugar donde habitaba el sol. Para los mexicas, perder la vida en la guerra era la mejor forma de morir.


Creían que cuatro años después de haber muerto, los guerreros se convertían en aves inmortales alimentándose del néctar de las flores en los jardines del Tonatiuhichan (Casa del Sol) y podían descender a la Tierra.



 


Tlalocan


Consistía en el paraíso de Tláloc, dios de la lluvia; un lugar lleno de alegrías donde nunca faltaban los productos de la tierra, vegetación, animales e insectos. Iban ahí las personas que morían ahogadas o por algún hecho relacionado con el agua.


Chichihuacuauhco


Era el espacio final para los niños que fallecían antes de nacer o de cumplir un año de edad. Se creía que estaba poblado de árboles nodrizas con senos maternos como frutos de los que brotaba leche para  alimentar a los pequeños.


Mictlán


Se trataba del lugar de los muertos, gobernado por Mictlantecuhtli y Mictecacíhuatl. Este era el destino de aquellos que fallecían por muerte común o por accidentes. El Mictlán era un lugar oscuro en que las almas debían superar pruebas para avanzar y cruzar nueve dimensiones. El perro xoloitzcuintle ayudaba a atravesar el río de la primera de estas zonas, pero sólo guiaba a quien en vida había sido bueno con los canes.


Chicunamictlan


En este lugar, las almas hallaban el descanso anhelado. Según los mexicas, la tonalli podía descansar ingresando a la naturaleza nuevamente.


Actual Día de Muertos


Las fiestas de muertos se celebran el 31 de octubre, el 1 y 2 de noviembre. El 31 de octubre se recuerda a los niños menores de 12 años, quienes, se cree, visitan a sus familiares. El 1 de noviembre es el Día de Todos los Santos en que recordamos a quienes fallecieron por causas naturales o enfermedades. La tradición nos dice que el 2 de noviembre, después de las 12:00 horas, es cuando las almas de los difuntos recogen las ofrendas.


Finalmente, se cree que las almas de los niños regresan de visita el día 1 de noviembre y que las almas de los adultos vuelven a la tierra el día 2.

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